Messi o No

Andrés Neuman, el escritor, habla de lo que Messi no es, en dos partes muy buenas.

No me engaño con la fábula pueril de que Messi es tan humilde que desprecia el poder […] Pienso más bien que a Messi le interesa un tipo específico de poder: el de jugar como le da la gana sin que nadie le pida explicaciones. Desde su estatus de estrella, no parece esperar tanto que los demás hagan lo que él dice, como que los demás le permitan hacer lo que a él le da la gana.

(…)

Al terminar [Argentina – Irán], Romero lo resumió con esa tensa capacidad observadora de los arqueros. «El enano frotó la lámpara», dijo. Así se lo espera a Messi: como una providencia casi externa al equipo. Más como un fugaz milagro que como una actitud contagiosa. ¿Por qué en el Mundial anterior, pese a llegar en mejor forma, Messi no fue tan decisivo como en este? Quizá porque su entrenador se empeñó en hacerle de espejo.

No creo que me falle la memoria en esto, que la cosa hace cuatro años no fue muy diferente. El entrenador en cuestión era, como no, Diego Maradona, el eterno diez, D10S. Decir que Maradona tenía un plan para el equipo sería darle demasiado crédito. Lo que había era, como ahora, un equipo construido para Messi, a su gusto, a su comodidad. Cambian los nombres, claro. No cambia mucho la desazón del resultado. Messi juega como quiere pero no logra lo que queremos. Frota la lámpara pero la magia se parece más a la suerte que a la autoridad. Qué habla más de nosotros, este anhelo insaciable por un héroe o lo mal que andamos porque nos tocó el último héroe hedonista.

La imagen la tenemos en la cabeza. Messi toma el balón, lo ata al botín y arranca a correr, en el camino atrayendo defensas crédulos confiados que lo que aquí falta es el rechazo estándar, la traba de siempre, pasa el balón o el jugador pero no ambos. Lo de siempre. Pero lo de siempre no funciona nunca, así todos decidan tratar, y en esta acumulación de defensas estamos todos hasta que Messi se inventa algún pase a encontrar a algún compañero, ya en lo que vamos, libre y preparado mentalmente para marcar. O a veces patea el mismo, como por no dejar. Esas carreras, dónde están esas carreras.

Menos mal que esto es un blog indie fácilmente olvidable. Me arriesgo a decir que este no es el mundial de Messi. No parece serlo. Como no lo fue el anterior. Y ya no quedan muchos. Messi nos sigue debiendo a Messi y ya no sabemos de qué manera cobrarle.

Porcentaje de pases acertados por equipo (Tercera ronda)

Para continuar con los resúmenes de la tercera ronda, aquí el gráfico obligado comparando efectividad de pase de los diferentes equipos. Esta vez, contraviniendo reglas de gramática básica de esos gráficos de barras, incluí el número de goles anotados en el partido sobre la barra. Definitivamente parecería no haber mayor correlación entre victoria y superioridad en POPA en un partido.

pases.relativos.tercera.ronda

POPA parece medir la aptitud para manejar cierta herramienta de juego pero no necesariamente para volverla un factor decisivo de triunfo. Mañana si hay tiempo cuelgo el acumulado de POPA para los primeros 48 partidos a ver qué cara tiene.

El regreso del índice de Huertas

Ahora que la fase de grupos ha terminado (48 partidos; 136 goles) podemos regresar al índice de Huertas, que pretendía, como les contaba ayer, medir efectividad ofensiva de los países de acuerdo al número de tiros, número de tiros al arco y número de goles a favor.

Dado que el índice es propuesto por un colombiano, no debe sorprendernos que Colombia encabece la tabla al cierre de esta fase. Con ese propósito fue diseñado: para alentar el triunfalismo ciego que incomoda a tanto morrongo por ahí.

Más notable, sin embargo, es la (aparente) capacidad del índice de Huertas para detectar a los equipos clasificados con muy poca información (apenas tres variables acumuladas): exceptuando a Grecia, Nigeria y Bélgica, los demás equipos clasificados encabezan la tabla descontando un bache extraño en el sexto lugar de Croacia, que fue eliminado por México.

En algún artículo leí que se referían a Camerún como el peor equipo de este torneo. El índice de Huertas ilustra bien a qué se refieren con eso. Otra: de pronto Estados Unidos tiene más chance contra Bélgica del que le calcula muy conservadoramente don Nate Silver. Otra más: Chile tiene con qué darse con Brasil. Y otra: Grecia no debió clasificar.

País Goles Tiros Tiros al
arco
% Tiros al arco
sobre tiros
% goles
sobre tiros
% goles sobre
tiros al arco
Índice
de Huertas
Colombia 9 37 16 43 24 56 0.34
Argelia 6 26 12 46 23 50 0.32
Países Bajos 10 41 23 56 24 43 0.31
Chile 5 26 10 38 19 50 0.28
Alemania 7 38 16 42 18 44 0.26
Croacia 6 39 15 38 15 40 0.22
Estados Unidos 4 27 9 33 15 44 0.22
Costa Rica 4 28 11 39 14 36 0.21
Suiza 7 50 20 40 14 35 0.20
Brasil 7 47 23 49 15 30 0.20
Uruguay 4 31 10 32 13 40 0.20
México 4 33 10 30 12 40 0.19
Francia 8 63 26 41 13 31 0.18
Argentina 6 51 19 37 12 32 0.17
Australia 3 27 8 30 11 38 0.17
España 4 36 14 39 11 29 0.16
Ecuador 3 32 10 31 9 30 0.14
Bélgica 4 44 15 34 9 27 0.14
Costa de Marfil 4 47 12 26 9 33 0.14
Corea del Sur 3 34 13 38 9 23 0.13
Bosnia-Herzegovina 4 48 18 38 8 22 0.12
Ghana 4 56 13 23 7 31 0.12
Portugal 4 52 18 35 8 22 0.11
Nigeria 3 42 16 38 7 19 0.10
Italia 2 33 9 27 6 22 0.10
Grecia 2 33 11 33 6 18 0.09
Inglaterra 2 38 12 32 5 17 0.08
Rusia 2 39 12 31 5 17 0.08
Irán 1 24 6 25 4 17 0.07
Japón 2 49 13 27 4 15 0.06
Honduras 1 33 10 30 3 10 0.05
Camerún 1 42 4 10 2 25 0.04

La llave

Tiene algo de poético, supongo, jugar un mundial en Brasil, nación del fútbol poético, y que después de una primera ronda llena de goles y emoción y súper potencias eliminadas, estemos hablando de que es de lo mejor que hemos visto en mucho tiempo. Que la gane cualquiera, igual este mundial será nuestra Winnie Cooper.

Exagero. Estaba mirando la llave y lo que hay y lo que queda.

La llave del lado izquierdo se ve terrible. Todo un juego de tronos. Ganando los (bueno, “mis”) favoritos tendríamos en cuartos de final a Brasil, Colombia, Francia y Alemania y que sea lo que dios quiera. Si uno de estos se queda atrás el envalentonado que ocupe el lugar vendrá con el impulso del de aquí en adelante todo es ganancia. Brasil la anfitriona no te vayas tan ligero quedate para que el resto podamos mirar con suspiro y desdén al infinito anhelando el jogo-bonito del que tanto nos hablaron nuestros padres. Francia la de los uniformes bonitos por la que no tengo nada que decir porque francamente no pensé que llegarían hasta aquí, vaya sorpresa. Alemania el Mannschaft de la tierra del casi pero nunca jamás que no gana serio desde que éramos jóvenes de otra vida seguirá un poquito más para darnos tiempo de por fin entender qué diablos hace Lahm jugando de mediocentro. Y Colombia, que si a ustedes no les choca, a mí en lo personal me gustaría que se quedara por estos lados digamos hasta mediados de Julio.

La llave del lado derecho se ve terrible. Todo un juego de tronos. Holanda la que nunca gana renunció al balón a cambio de defensa y vértigo de parte del velocista Robben y hasta Cruyff se ofendió porque hágame el favor pero la vaina funciona así que cómo le hacemos. Costa Rica que qué diablos hace acá renunció a la idea de defender el cero por una urgencia más schopenhaueriana, adelante que la vida es corta y llena de frustraciones y lo único que nos queda es el arte y la irreverencia. (Exagero.) Argentina que si por favor me dejan seguir creciendo seguro que lo van a agradecer pero por favor tengan paciencia no tendrá mayores problemas con Suiza. O de pronto al contrario. Todo dependerá de Messi, en lo que será la búsqueda introspectiva del yo más seria que el mundo haya visto desde aquella vez que mi mamá pidió que si iba a ser gay que le avisara con tiempo. Y Bélgica y Estados Unidos seguirán preguntándose qué hacen ahí y nosotros también.

Querido diario de fútbol o cosas muy malas

No sé qué escribir de fútbol porque no sé nada de fútbol. Los partidos me aburren tremendamente casi siempre. El guayabo moral de mi última borrachera (a la que llegué con la excusa de celebrar la clasificación a segunda ronda en este Mundial) todavía me pesa y duele. Tengo un chichón en la frente que vaya usted a saber cómo me hice porque mi memoria llega a la segunda botella de aguardiente. Hay un flasheo de un mojito posterior a eso pero mi acompañante también pagó sangría y cerveza.

Pero ese no es el caso: el caso es que no me gusta el fútbol hasta que vamos ganando y podemos decir vamos. Como ahora o como en el último año que reencontré mi gusto por Nacional. Solo por eso: porque vamos ganando. Le podemos decir a los otros, desde arribita, mirá ese es mi equipo.

Ya después pierden y me vuelve a aburrir: los partidos se me hacen infinitamente largos, los hombres sudan demasiado, para qué estudié periodismo si pagan más por inventar palabras mientras se narra una jugada,(para qué estudié periodismo si todos se creen periodistas), es mejor ver Grey’s Anatomy, si ganan no voy a poder dormir por la pólvora, yo qué putas hago viendo fútbol, verdad que yo una vez intenté jugar fútbol.

En Medellín se puso de moda el Juego de la Vida en Medellín y todos los colegios hicieron equipo de fútbol femenino. Fui a muchos partidos pero jugué en tres si mucho y no más de quince minutos en total. Me gritaron gorda siempre que entré a jugar. Era gorda —la más gorda—. Estorbaba. No corría. Me caía. Me aburría pero seguía yendo. Escribo esto y creo que entiendo porque así no me guste el futbol, me gusta: es una forma de encajar. Ahora puedo decir vamos y en el colegio tenía un poquito de esa adolescencia que quería mía.

Tengo un punto más a favor del fútbol: es una arma de coqueteo uno a, chicas. Por el lado que sea. Si a uno no le gusta, tiene el papel de dama en apuros que quiere saber de fútbol —oh, gran caballero, sálvame de mi ignorancia para que no me molesten más— y si a uno le gusta, tiene el papel de hincha. Una mujer como ninguna otra que además de estar buena o bonita o lo que sea que tenga, le gusta el fútbol, hábrase visto semejante milagro. Seguro sí se ha visto pero en la ligas del coqueteo todo se vale. Especialmente el fútbol.

Índice de Huertas

Pregunté en Twitter qué me recomendaban para medir efectividad de ataque usando número de tiros, número de tiros al arco y número de goles. Álvaro Huertas, un físico colombiano devenido en activista altermundista y radicado en la república independiente de Escocia, propuso un puntaje-f. La analogía tiene sentido: el puntaje-f pretende medir la precisión de un test usando la fracción de resultados positivos sobre el total de evaluaciones y la fracción de resultados positivos sobre el total de evaluaciones que deberían ser positivas (ahí en el enlace pueden ver la fórmula: es la media armónica de estos dos valores). En este caso particular cada equipo sería un test y un resultado positivo sería meter gol. El total de evaluaciones sería el total de tiros y el total de evaluaciones que debieron ser gol debería ser el total de tiros al arco.

Esta es la tabla de equipos en el mundial ordenados de acuerdo al índice propuesto por Huertas y considerando sólo sus resultados en los primeros dos juegos del mundial:

País Goles Tiros Tiros al
arco
% Tiros al arco
sobre tiros
% goles
sobre tiros
% goles sobre
tiros al arco
Índice
de Huertas
Argelia 5 18 6 33 28 83 0.42
Chile 5 18 9 50 28 56 0.37
Alemania 6 25 10 40 24 60 0.34
Holanda 8 28 19 68 29 42 0.34
Colombia 5 24 12 50 21 42 0.28
Uruguay 3 17 5 29 18 60 0.27
Francia 8 42 17 40 19 47 0.27
EEUU 4 23 9 39 17 44 0.25
Croacia 5 29 12 41 17 42 0.24
Costa Rica 4 24 9 38 17 44 0.24
Corea del Sur 3 18 9 50 17 33 0.22
Ecuador 3 20 8 40 15 38 0.21
Australia 3 23 8 35 13 38 0.19
Suiza 4 34 10 29 12 40 0.18
Bélgica 3 29 10 34 10 30 0.15
Argentina 3 33 6 18 9 50 0.15
Brasil 3 29 12 41 10 25 0.15
Costa de Marfil 3 34 8 24 9 38 0.14
Italia 2 24 8 33 8 25 0.12
Ghana 3 40 9 22 8 33 0.12
Inglaterra 2 30 11 37 7 18 0.10
Portugal 2 34 11 32 6 18 0.09
Honduras 1 21 6 29 5 17 0.07
México 1 22 6 27 5 17 0.07
Japón 1 25 6 24 4 17 0.06
España 1 26 10 38 4 10 0.06
Rusia 1 30 8 27 3 12 0.05
Nigeria 1 30 13 43 3 8 0.05
Bosnia-Herzegovina 1 36 13 36 3 8 0.04
Grecia 0 20 6 30 0 0
Irán 0 17 4 24 0 0
Camerún 0 30 3 10 0 0

Que encabece Argelia es intrigante pero no del todo descabellado. Al fin y al cabo estamos intentando medir efectividad y en sus dos partidos Argelia logró un 83% de tiros al arco convertidos en gol. De resto la tabla parece reiterar las sospechas que tenemos sobre la efectividad de holandeses y alemanes. Chile es obviamente otra sorpresa pero tampoco tanto. Hasta el segundo partido llevaba solo victorias. Recuerden que no estamos considerando en esta tabla su derrota ante Holanda. Muy seguramente al final de la ronda de grupos los equipos cambiarán bastante de posición. Me intriga dónde terminará Argentina después de los dos goles de Messi.

Prometo revisión de esta tabla en pocos días.

Algo asombroso

 

Leo Cómo no te voy a querer y me emociono. Leo Esto se puso serio y me emociono.  Tengo que decir que igual me levanté esta mañana todavía borracho, de goles y hasta de esperanza. Y de trago.

Salí a desayunar a un bar y recordé la mañana del 12 de junio, cuando todo esto arrancó:

En La Timbale, un bar cercano a mi casa me tomé no uno sino dos vasos de jugo de naranja recién exprimido. El precio, exorbitante. Mi actitud, hubiera pagado veinte veces más caro. Sin problema. El sol me pegaba en la cara. No me gusta el sol en la cara. Me gustó. Fui feliz. Leí L’Equipe y discrepé violentamente, en silencio, con ciertas alineaciones. Leí la entrevista a Miralem Pjanic. Su padre, jugador de la tercera división de fútbol yugoeslava, abandonó lo que sería Bosnia pocos meses antes de la guerra, a los 24 años, gracias a un contrato del FC Schifflange 95, club luxemburgués, donde Miralem comenzaría jugar como cadete. Hoy Pjanic tiene 24 años y juega el Mundial para un país que no existía cuando él nació. El fútbol, me dije.

Esa mañana temí las zancadas maravillosas de Yaya Touré.  Ayer ni siquiera tuve pesadillas con el hambre desaforada de ese entrañable loco que es Luis Suarez. Esa mañana, a mi izquierda, en la terraza de La Timbale, en la mesa de al lado, un travesti, ecuatoriano, apuesto, con un chihuahua, peludo, peludísimo. A mi derecha, un viejito que tomaba apuntes en una hoja A4 doblada por la mitad. Apoyaba la hoja en un libro. El lomo del libro me decía el título. Traduzco: Manual del nuevo evangelizador. Editorial Salvador, en mayúsculas. Las notas las tomaba mirando al horizonte (que era una lavandería al otro lado de la calle). Esto debe significar algo, intuí.

Pensé en Xuxa, Xuxa cantando y bailando, Xuxa mirando con ojos brillantes de deseo a Ayrton Senna, Xuxa viviendo durante seis años con Pelé, Xuxa rechazando la proposición de matrimonio de Michael Jackson, Xuxa diciéndonos, con una sonrisota y botas de cuero rojo hasta las rodillas, “Es la hora, es la hora, es la hora de jugar.” Y sí, estamos jugando. Y de qué manera.

Sin transición, pensé que James no había nacido cuando Colombia llegó a octavos por primera vez.

Veinticuatro años, nos decimos. Yo tenía seis años y me acuerdo de ver el partido contra Camerún sentado en la cama con mis papás, los tres en piyama, tomando jugo de mango en leche.

Que veinticuatro años no es nada, qué febril la mirada, errante en las sombras, te busca y te nombra. Canto. Y sí, sentir, que es un soplo la vida. Un soplo de vida. Como el cuento que Clarice Lispector le contaba a sus hijos y que comenzaba por “Érase una vez un pájaro” y que nunca terminaba porque, Clarice, abrumada por tanta belleza, debía detenerse tras pronunciar esa sola frase.

Le escribí entonces, desbordante de alegre cursilería asumida (que sigue intacta), a unos cuatro o nueve amigos, desperdigados, I believe it is the beginning of a beautiful month, y, a otros tantos, sucederá algo realmente asombroso.

Esa mañana, no paraba de pensar en la celebración de Marco Tardelli en el 82. Pensaba en esa celebración como si fuera el último gesto humano que debiera quedar antes del fin del mundo.

Esta mañana pienso, ahora que empieza la hora de la verdad, que un gesto tan conmovedor también puede ser nuestro. Y hasta con más swing.

Me siento terriblemente humano.

Cómo no te voy a querer

Dice Javier que ahora sí, esto se puso serio. Ahora que nos dimos cuenta que podemos ganar, la idea de perder espanta más. Cuando el sorteo estuvo, comentábamos que era un grupo mentiroso. Fácil en el papel, en ese sentido arbitrario que usamos para juzgar la viabilidad de una victoria sobre una selección mundialista. No clasificar era entrar en una duda existencial. Clasificar holgadamente era llegar a los octavos de final, el verdadero inicio del mundial, con un convencimiento no del todo sano, a enfrentar a un rival más serio, más potente. Colombia ha clasificado con solvencia, y el rival en la siguiente es Uruguay, un equipo que fútbol más fútbol menos, sabe competir. La posibilidad de perder es más real que nunca.

Otra forma de verlo, es que si no te ilusionas ahora, no te vas a ilusionar nunca.

Me sigue pareciendo que Colombia no tuvo una primera ronda muy exigente. Grecia, un equipo ahí. Costa de Marfil, mucho músculo, mucha improvisación, empujó bastante. Japón pateó mucho, tal vez porque ya estaba todo dicho Colombia lo permitió pero queda la duda si con un equipo con más olfato para estas cosas el resultado hubiera sido distinto. No sabemos cómo reacciona el equipo si se ve en desventaja. O como resuelve con el rival tirado atrás apostándole al contragolpe. Hasta ahora, solo hemos sabido ganar.

Uno que no sabe de estas cosas analiza sin tener idea, se ilusiona con poco, a veces con nada, a veces, como en este caso, con mucho. Se aventura uno en filosofías, en metáforas pretensiosas. Me dicen acá, que lo nuestro es conformismo pero también racionalizar incluso las derrotas como pequeñas victorias. Justificarlo todo y aceptar lo que venga. Yo no sé de estas cosas y vivo en un lugar en el que el fútbol quiere decir a veces poco o casi siempre nada, lejos de compinches con quién celebrar. Pero lo pienso y lo pienso, le doy vueltas a esta ilusión y me doy cuenta que lo que quiero es ganar, este partido que viene, más que todos los demás, este partido que viene, lo quiero ganar.

Esto se puso serio

A veces pienso, y no sé si es por prudencia, realismo, catastrofismo o simple estupidez, que esto ya es más que suficiente. Tres partidos ganados en serie en un mundial. Nueve goles a favor. Apenas dos en contra. Faryd Mondragón de cuarenta y tres años (el vínculo motivador entre esta dimensión y la otra, la que nos llenó de ilusiones que no pudieron concretar) entrando a la cancha a los ochenta y tantos minutos del partido contra Japón, la tribuna en pie, gol de Rodríguez (cuarto del partido; tercero de su mundial) en el minuto noventa y su sonrisa iluminada, tan joven, parado en la esquina de la cancha, rodeado por sus amigos, recibiendo con los brazos abiertos el júbilo del público que todavía no digiere que el señor Pékerman haya armado con este país de supuestos conformistas resignados a un equipo tan bien empecinado en atacar no importa el marcador.

Y se supone, eso se supone, que jugamos sin nuestro mejor hombre.

Mi prudencia, que es una señora de noventa años que nunca sale de su casa y le tiene un miedo terrible a cualquier tipo de fluctuación extraordinaria en su rutina estática, piensa que tal vez perdamos con Uruguay y que incluso convenga. Puede pasar. Tal vez Suárez nos revienta la defensa a diente y pata. O terminamos en uno de esos empates tristes donde el complejo de inferioridad, más que el oponente, nos derrota. Se acabó la fase de los experimentos, pasamos (permítanme, por favor, este insolente plural en el que me incluyo) con honores, y ahora todo costará más. La presión de esos partidos de todo o nada debe ser horrible.

Pero Colombia tiene con qué. Por qué resignarse. Por qué parar y contener el entusiasmo cuando estos muchachos de amarillo parecen estar tan llenos de más. Mejor me permito ignorar mi prudencia, y temo, y dudo, y contemplo por primera vez ponerme la camiseta de un equipo de fútbol y aguantar lo que venga, respaldando desde mi distancia su determinación y su compromiso, con un pie acá y el corazón, expuesto, allá.

El sábado vamos a ganar.

James Rodríguez

Artilleros

Los quince mayores tiradores de las primeras dos rondas de la fase de grupos (32 partidos y 519 jugadores; 315 han intentado tiros) ordenados por número de disparos. O por qué Holanda da tanto miedo:

Nombre País Goles Tiros Tiros al arco % Tiros al arco
sobre total tiros
Karim Benzema Francia 3 15 8 53
Cristiano Ronaldo Portugal 0 14 3 21
Lionel Messi Argentina 2 10 2 20
Edin Dzeko Bosnia-Herzegovina 0 9 4 44
Xherdan Shaqiri Suiza 0 9 2 22
Robin van Persie Holanda 3 8 6 75
Daniel Sturridge Inglaterra 1 8 5 62
James Rodríguez Colombia 2 8 4 50
Ogenyi Onazi Nigeria 0 8 3 38
Asamoah Gyan Ghana 1 8 2 25
Arjen Robben Holanda 3 7 6 86
Neymar Brasil 2 7 4 57
Nani Portugal 1 7 4 57
Clint Dempsey EEUU 2 7 4 57
Tim Cahill Australia 2 7 3 43

Robben_van_Persie

Tres frases de Bielsa y una eliminación

Iniesta y Bigotón

“En el fútbol eso es muy significativo: se trate del estilo de que se trate, saber actuar de acuerdo a lo pretendido no es sencillo.” Eso lo dice Marcelo Bielsa.

Estos dos hombres, Iniesta y el bigotón que esconde este abrazo, nos hicieron pensar que lo que propusieron durante un Mundial y una Eurocopa era no sólo posible, sino sencillo, tan estético y eficaz. Como un pase al vacio de Iniesta.

“El fútbol es el primer deporte del mundo, es el deporte más atractivo para todos los continentes. Si yo tuviera que decir por qué sucede eso, es porque no siempre ganan los poderosos.” Eso también lo dice Marcelo Bielsa.

El reino de España duró seis largos años. Cuando Chile lo derrumbó, incluso los que disfrutamos de él, celebramos. The times they are a-changin’, cantamos brindando, llenos de regenerada incertidumbre.

“Les voy a leer lo que para mí es el fútbol: éramos todos muy amigos, nos gustaba jugar juntos, la pasábamos bien reunidos, intentábamos hacerlo lo mejor posible. Atacar mucho y luego recuperarla con la ilusión de volver a atacar, y esperábamos la compañía de la suerte. Ése es el fútbol, muchachos.” Sí, Marcelo Bielsa, una vez más.

Recordar las ganas intensas de querer salir a la calle a gambetear postes de luz y peatones después de ciertas victorias llenas de triangulación, posesión y asombro. Con los amigos del barrio.

Abrazos no hay sólo de gol. Por suerte.

 

Llegar a octavos

 

Los mexicanos se clasificaron al Mundial de Brasil la noche en que Panamá se inundó de lágrimas. Su archirrival del norte de la frontera fue, además, su salvador. En un partido inverosímil (y por ende siempre tan probable en la dinámica de lo impensado que es el fútbol), un equipo de Estados Unidos  sin sus principales estrellas privó a Panamá de su primera alegría mundial.

Por un lado, México perdía 2-1 contra Costa Rica. Por el otro, Panamá empataba a un gol con Estados Unidos. Era el minuto 64 de ambos partidos. Era el 15 de octubre del 2013. En el minuto 83, México pierde todavía, después de unas eliminatorias desastrosas, y un tal Luis Tejada marca el 2 – 1 para Panamá, que nunca ha estado tan cerca, que tiene en sus manos, por primera vez, la opción de pelear por ese ansiado cupo contra Nueva Zelanda en el repechaje, que está eliminando a México y haciendo sufrir a cuanto agente de viajes azteca que había planeado hacer fortuna con sus packages todo incluido dirección Rio de Janeiro, que está destrozando la última esperanza de un país que siempre ha sido asiduo al fiestón del fútbol desde 1994. Pero llega ese despiadado tiempo después del tiempo que comienza después del 90. Y aparecen dos apellidos que todos nosotros olvidaremos, seguro, nunca oiremos, tal vez, pero que quedarán grabados en las pesadillas y en el remordimiento de todo panameño que vea con ojos brillantes un balón rodar: Zusi y Johansson. Zusi el empate en el 91 y Johansson la derrota, porque estamos hablando de la derrota de un país y no de la victoria de otro, faltando veinte segundos para el 93.

La noche en que Panamá se desploma, México revive. Despachan sin problema a los neo zelandeses y llegan a Brasil. Ayer, en el 3-1 contra Croacia, los mexicanos demostraron, una vez más, que saben luchar y que pulmones y huevos tienen de sobra.  Tienen también, por suerte, una oferta de pases verticalizada que llega después de haber ido para la derecha, para la izquierda, para atrás, creando triángulos con ángulos imposibles que se cuelan entre las piernas rivales mientras Guardado y Herrera corren como pájaros por las bandas. Los mexicanos, parece ser, no se han olvidado por completo de ese tal Lavolpe que hacía escribir a un Guardiola enamorado sobre novios y salir jugando. El gol  y la presencia, sobretodo, de Rafa Márquez nos ayuda a no olvidarlo.

Pero con tanto ímpetu México también, claro, se equivoca y es ahí donde el riesgo inunda aún más sus partidos y cualquier tipo sentado en un sofá que tenga un mínimo de interés por la épica o la tragedia absoluta decide cambiar de canal para dejar que Brasil siga su camino solo, por su lado. Y México camina en la cuerda floja, yendo y viniendo, mirando hacia abajo, saludando al público, con una sonrisa, lleno de confianza en medio del aire, siempre a punto de caer, pero flotando.

Y México gana y vemos a Miguel Herrera al borde de una explosión, literal, de alegría. Y se califica a octavos de final.

Herrera

Y ahí recordamos: 1994, México pierde en octavos contra Bulgaria. 1998, México pierde en octavos contra Alemania. 2002, México pierde en octavos contra, sí, Estados Unidos. 2006, México pierde en octavos contra Argentina. 2010, México pierde en octavos contra Argentina de nuevo.

A Cruyff le gusta preguntarle a la gente cuando viaja por el mundo quién perdió la final del ’74. El 90% de la gente responde sin hesitar Holanda, dice. Somos los únicos perdedores de los que se acuerda la gente, desde hace cuarenta años, dice. Hemos establecido un record único, dice. Pero México no es Holanda, esa Holanda, ni su sombra, pero algo hay de hermoso y terrible y único en esos cinco octavos de final perdidos. México tiene la extraña (iba a decir admirable) cualidad de siempre perder con la frente en alto. Por ahora todos sabemos que México sabe perder y con una sonrisa ladeada y adjetivos enfáticos nos acordamos con alegría de ellos. Algún día también sabrán ganar, pero como fútbol no rima ni rimará nunca con justicia, el momento de ganar deberá ser en unos pocos días contra Holanda (esta Holanda, no esa), llenándonos de vértigo, ojalá, sino podemos pasar una vida entera esperando a clasificar a un Mundial, a pasar de ronda, escribiendo ese libro que no avanza, queriendo cambiar de trabajo, esperando a que ella dé el primer paso.

Esperando ese partido vuelvo a los 17 años, pensando en todo esto y en quién sabe qué más, igual da, y gozo, todavía, con Die With Your Boots On, de Maiden.

De la mano de Joachim

Ya entrados en el tema, pensaría uno, uno que, digamos, ve el mundial sin verlo, que ya tendríamos un candidato serio a ganar este asunto, un equipo de los muchos que haya dado el golpe en la mesa o algo. Pero España se va, Inglaterra se va, Italia y Uruguay deciden quién se queda en el último partido, Alemania que aunque la verdad sea dicha seguramente pasará, tendrá que jugar su tercer partido como quien quiere la cosa, Argentina pasa dejando dudas con un Messi desaparecido, y Brasil va por ahí con la inercia del local. Son los sospechosos de siempre.

Lo de Alemania es de rascarse la cabeza y mirar al cielo. En el primer partido esencialmente eliminaron a Portugal con una de esas victorias que además de quitar los puntos quitan también las ganas de estar vivo. Pero en el segundo se vieron arrollados por un Ghana dispuesto a quedarse. También es de rascarse la cabeza, esta vez con mano en la barbilla, el ver lo que Low ha modificado en el equipo que ha funcionado en el pasado. Del viejo doble pivote Khedira y Schweinsteiger con Özil, Mueller y Podolski por delante, ha cambiado a un 4-3-3 dándole labores de mediocampo a Lahm, en otra época lateral derecho, con Khedira y Kroos de interiores. La idea, supongo yo, que no sé de estas cosas, es optar por más control de balón (posesión, pues) y menos, digamos, rodillo alemán en el medio y vértigo en el avance. Cuando Mourinho quiso aventurarse al toque toque los que no sabemos de estas cosas llegamos a pensar con desdén que tener a Özil y no apostarle al vértigo es de una terquedad de museo. Este último empate ha puesto el experimento en evidencia, el partido se jugó como Ghana quiso y a la velocidad que quiso, y eso ya es mucho cuento.

Solo nos queda La Naranja Mecánica, es lo que le quiero decir.

Asamoah Gyan

gyan

Ochenta y cuatro mil y algo personas fueron testigos de ese momento inolvidable la noche del 2 de julio en Johannesburgo. Una semana antes, en el minuto 93 de los octavos de final ante Estados Unidos, y sobreponiéndose a un empujón de Carlos Bocanegra, una carrera imposible de Asamoah Gyan, entonces jugador del Rennes, rompió el empate y llevó por primera vez en su historia a Ghana a cuartos de final. Seis días después, bien entrado el tiempo suplementario, Luis Suárez decide rechazar con ambas manos el violento cabezazo de Appiah y trae de golpe a la discusión futbolística todas las perlas que ha cultivado por siglos la filosofía moral occidental. La historia final es sabida, desde los doce pasos Gyan le da con más corazón que fineza, la pelota da de lleno en el travesaño, los jugadores se derrumban, Suárez celebra camino al camarín, el árbitro decide finalizar el encuentro y comenzar la tanda de penales donde Gyan esta vez anotará pero no será suficiente. 

Mientras miraba el partido del sábado entre Ghana y Alemania, no pude evitar volver a pensar en Asamoah Gyan. En el minuto 88, luego del 2-2 de Klose, y con los alemanes con ganas de pasar por encima, un contragolpe de Harrison deja a Gyan perfilado para su pierna predilecta desde fuera del área para batir a los europeos y a El Destino, pero le da algo mordido aun logrando inquietar a Neuer. El cliché nos inclina a decir que el fútbol es muchas veces injusto -aunque casi siempre más injusto de este lado del atlántico que del otro-, pero una parte muy importante de mi quiere que la suerte se ponga alguna vez de lado de Asamoah Gyan. Antes que sed de revancha, hay una carga en la cara de Gyan. Quizás la misma pesadumbre que lo hizo dejar el fútbol inglés para esas vacaciones pagadas del petro-fútbol de los Emiratos, donde el hambre de triunfo se compensa a punta de dólares. Quién sabe, pero tal vez el destino tiene todavía trucos guardados para Asamoah Gyan como los tuvo en su momento para Sammy Kuffour, otro que, a puñetazos con la realidad, logró torcerla.

Porcentaje de pases acertados por equipo (Segunda ronda)

Pareciera que el fútbol no se deja medir. La primera ronda de la fase de grupos, por ejemplo, me había dejado convencido de que los partidos donde el porcentaje de pases acertados (llamemos a eso “POPA” para abreviar) del vencido era mayor que el del vencedor eran una rareza de dependía de estilos de juego idiosincráticos como el de España: equipos que controlan la pelota muy bien pero no logran armar ofensivas efectivas. En la segunda ronda, sin embargo, la mayoría de partidos terminaron de esa forma:

pases.relativos.segunda.ronda

Como si lo hicieran intencionalmente para contradecirme, los únicos partidos donde se cumplió la regla empírica (ahora a todas luces descabellada) que había propuesto fueron Croacia-Camerún, Ecuador-Honduras, esa horripilancia de partido Argentina-Irán y (escasamente) Bélgica-Rusia. Cuatro de dieciséis partidos.

Curiosidades:

  • Partido más intenso/fluído (de acuerdo al promedio de POPAs): Estados Unidos – Portugal.
  • Partido más pausado/contenido: Uruguay – Inglaterra.
  • Partido más parejo (de acuerdo a diferencia de POPAs): Bélgica – Rusia.
  • Partido más disparejo: Argentina – Irán (aquí más peculiaridades cuantitativas de este encuentro).
  • Con respecto a la primera ronda, la segunda fue ligeramente menos intensa en general: mientras que en la primera ronda el promedio de promedios de POPA por partido fue 83,22, en esta segunda ronda fue de 80,29.
  • Con respecto a la primera ronda, esta segunda ronda fue más desigual: mientras que en la primera el promedio de (valores absolutos) de las diferencias de POPA fue 6,57 en esta segunda ronda alcanzó los 8,71.

Aquí la tabla con todos los números:

E1 G POPA E2 G POPA DIF PRM
1 Mexico 0 79.60 Brazil 0 83.85 -4.26 81.73
2 Netherlands 3 79.43 Australia 2 80.19 -0.76 79.81
3 Chile 2 73.06 Spain 0 82.98 -9.92 78.02
4 Croatia 4 85.64 Cameroon 0 81.00 4.64 83.32
5 Colombia 2 79.18 Ivory Coast 1 84.57 -5.39 81.88
6 Uruguay 2 62.85 England 1 82.53 -19.68 72.69
7 Greece 0 65.92 Japan 0 89.57 -23.65 77.75
8 Costa Rica 1 76.55 Italy 0 89.24 -12.69 82.89
9 France 5 81.09 Switzerland 2 84.43 -3.34 82.76
10 Ecuador 2 75.83 Honduras 1 72.63 3.21 74.23
11 Argentina 1 90.23 Iran 0 63.97 26.26 77.10
12 Germany 2 86.48 Ghana 2 77.90 8.58 82.19
13 Nigeria 1 80.43 Bosnia-Herzegovina 0 85.43 -5.00 82.93
14 Belgium 1 80.27 Russia 0 79.94 0.32 80.11
15 Algeria 4 79.56 South Korea 2 80.77 -1.21 80.17
16 USA 2 86.25 Portugal 2 88.08 -1.83 87.17

Sigo intrigado por la “sustancia futbolística” (por así decirlo) de este indicador. ¿Qué mide? ¿Qué determina? ¿Es meramente estético? ¿Por qué pareciera que desprecio o subvaloro la belleza en la pregunta anterior? ¿Qué es la belleza en el fútbol? ¿Qué es la belleza en el universo? ¿Dónde está? ¿Cuánto importa la belleza? Algunas pruebas preliminares parecen sugerir que hay una correlación positiva entre POPA y número de (digamos) tiros al arco. Pero dado lo visto mejor me espero hasta acumular dieciséis partidos más antes de soltar una conclusión de ese estilo.

Durante esta semana, dependiendo del tiempo que tenga, intentaré comparar la capacidad ofensiva y defensiva de los diferentes equipos en lo que va del campeonato aprovechando que ahora tengo más información.

El Sexto Sentido

Dijo Sabella, al terminar el Argentina – Irán que su equipo ganó con un gol al borde del final, que todo el asunto les había costado mucho, que en el primer tiempo habían tenido cuatro o cinco ocasiones de gol y que en el segundo sufrieron un poco en el contragolpe pero que por fortuna Argentina tiene a Messi que resuelve estas cosas con alguna genialidad, que Irán es un equipo muy trabajado y disciplinado. Lo que nos deja, a los más escépticos, pensando si la consecuencia general de la declaración es que Argentina no lo es.

Valdano escribiendo para El País hace muchos años sobre otro drama:

Claro que lo entendemos [que el rival es complicado] y lo aceptamos, pero a una Eurocopa se va, precisamente, a saber si un equipo está preparado para las cosas difíciles y de qué modo las va a afrontar. El sexto sentido del fútbol alemán es el muscular, el del italiano es la competitividad, el del holandés es el balón. Son distinciones, características salientes, columnas en las cuales apoyarse en caso de duda. Si soy alemán y no sé qué hacer, corro; si soy italiano y no sé qué hacer, muerdo, me defiendo como gato panza arriba y, en todo caso, no me resigno; si soy holandés y no sé qué hacer, intento dominar el balón.

¿Qué hace Argentina cuando no sabe qué hacer? En realidad lo único que sabe hacer. Apostarle a la genialidad de Messi o alguna desiderata improbable de Di María. Ha funcionado hasta ahora. Está por verse si con eso alcanza para ganar la copa del mundo.

El consenso es que Argentina jugó mal y sin variantes frente al cinismo defensivo que propuso el rival. Que nadie defienda a Irán, dejemos eso claro. Un equipo que renuncia al ataque con una defensa de 9 hombres en un mundial que hasta ahora es fan del gol, es un irrespeto al canon, es la renuncia al compromiso de jugar al fútbol. Ni Teymourian, ni Reza, ni Dejagah, han sido héroes de algo, a pesar de que cerraron la puerta a Argentina, y un empate hubiera sido demasiado premio a un fútbol tan mezquino y demasiado premio para los que ponen la política antes que el buen gusto.

Ahora ya clasificados tendrán menos presión y una oportunidad para seguir creciendo, le dicen a Sabella, y él rápidamente dice que ahí veremos. Luego del primer partido en el que salieron con una alineación inusual, de cinco defensores y tres mediocampistas, con un desempeño abismal, Messi salió a decir que mejor era un 4-3-3 al que estamos acostumbrados, uno muy barcelonés, con Gago de interior derecho haciendo de Xavi, y Di María del otro lado haciendo de Iniesta y adelante Messi haciendo de Messi. Para este segundo partido sus deseos fueron órdenes, pero el juego fue igual de malo. Y aunque una genialidad suya decidió el partido, lo cierto es que el genio de Messi sigue sin aparecer.

Argentina – Irán: una singularidad desnuda

El partido Argentina contra Irán que Argentina ganó agónicamente con un gol de Messi en el minuto noventa y uno fue una singularidad de muchas formas a la vez.

La primera y más obvia la señala Cathal Kelly en su crónica sobre el partido para The Globe and Mail: el mejor jugador del equipo iraní (Reza) juega para un equipo de segunda división inglés (Charlton Athletic) mientras que el equipo argentino cuenta con jugadores en Barça, Real Madrid y Manchester City, entre otros. Valor de los pases de los jugadores de Argentina: 600 millones de dólares. Valor de los pases de los jugadores de Irán: 35 millones escasos.

Una cuantitativa menos evidente: el porcentaje de efectividad de pase de Irán fue 64%, el segundo peor para un equipo en lo que va del campeonato (Funfact: el peor fue el del equipo de Uruguay que venció a Inglaterra: 62%.) El de Argentina, 90%. Esto lo hace, de lejos, el partido más desequilibrado en cuanto a dominio del balón, con una diferencia de 26 puntos (para comparar, recuerden que en primera ronda lo más desequilibrado, y ya parecía casi cruel, era Bélgica contra Argelia, con apenas 16 puntos de diferencia.)

Peor aún: Argentina hizo 21 tiros al arco iraní y 41 centros. Por lo pronto, no hay ningún equipo en el torneo que lo supere en número de centros en un partido y apenas hay uno que ha tenido más tiros al arco: 22 de Francia en el partido contra Suiza. Si usamos tiros al arco más centros como un indicador de oportunidades de gol, este Argentina que jugó contra Irán no tiene igual ni similar.

Y sin embargo con toda esa ventaja sólo hizo un gol. Un gol(azo) triste que a mí me sigue sabiendo a empate si no a derrota. Aunque supongo que siempre se puede decir que lo único que importa son los goles e ignorar el resto, como hacen los modelos predictivos que están tan de moda y tanto se equivocan.

En Teherán seguro celebraron.

Reza

Cine y Fútbol: “Beats of the Beautiful Game”

Siguiéndole la pista al proyecto “Pepsi: Beats of the Beautiful Game”, una muestra de once cortometrajes realizados a propósito del Mundial Brasil 2014, les presento los videoclips lanzados en Latinoamérica hasta el momento:

–          The Game, de Kelly Rowland. Cortometraje de Spike Lee.

http://www.youtube.com/watch?v=59aUxXn-BO4

–          I Will Never Let You Down, de Rita Ora. Cortometraje de Diego Luna.

http://www.youtube.com/watch?v=Z3R7BQ_hdnI

–          Heroes, de Janelle Monáe. Cortometraje de The Young Astronauts.

http://www.youtube.com/watch?v=3HS6Jh3O6r4

–          Pura Vida, de Don Omar. Cortometraje de Jessy Terrero.

http://www.youtube.com/watch?v=5xieljfBC5g

–          Unstoppable, de R3hab y Eva Simons. Cortometraje de Idris Elba.

http://www.youtube.com/watch?v=kng5E-ITyyU

Me reportaré próximamente con los seis restantes. Segunda parte.

Blanco de indignación

Si quieren entender qué se siente ser el blanco de la indignación nacionalista que se alborota durante los mundiales lean esta nota del periodista deportivo canadiense Cathal Kelly (me encanta todo lo que escribe) sobre un comentario desafortunado que mencionaba canibalismo y Uruguay en la misma frase durante el mundial pasado.

Al respecto de los mensajes que recibió:

The tone was now a little worrying. Like, let’s-just-check-into-the-idea-of-buying-a-pitbull sort of worrying.

One I remember particularly: “I will find you, crack open your head and eat your brains.” Which I thought rather proved my point, but probably best not to mention it.

One correspondent kindly offered to show my wife what a real man can do.

“Is he going to come over and clean the eavestroughs?” she asked hopefully.

O sea:

El tono era un poco preocupante. Preocupante al nivel contemplemos-la-idea-de-comprar-un-pitbull.

Recuerdo uno en particular: “Te voy a encontrar, abrir tu cabeza a golpes y comerme tu cerebro.” Que pensé que demostraba mi punto, pero de pronto es mejor no mencionarlo.

Un corresponsal se ofreció cortesmente a demostrarle a mi mujer lo que un hombre de verdad puede hacer.

“¿Va a venir a limpiar los desagües?”, preguntó ella esperanzada.

Y aquí Kelly hablando bellezas de James Rodríguez. Los colombianos no somos los únicos entusiasmados con el fútbol de ese muchacho.

Sonroja

Hace un rato en el centro vi una estampa que nos resume: un anciano indigente y alcoholizado cargando a la espalda una mochila llena a rebosar de banderines de España. Somos la roja, decía con cierto énfasis pero con la voz rota. Inmediatamente pensé que algún mayorista chino le había regalado al hombre una porción de banderas para que tratara de venderlas y se ganara la vida. Pero tan improbable es que el hombre venda esas banderas ahora como que un chino de Madrid le regale algo a alguien. Ahora todas esas marquesinas que muestran a Ramos victorioso en actitud de ataque son el fiasco de espónsores y publicistas y el bochorno de los aficionados. Peor no se pudo jugar.

La proclamación del nuevo rey ha coincidido con la derrota de España en el mundial y en cierto modo es bueno que así sea. No necesitamos esa clase de euforia. Nos han colado al nuevo Borbón sin preguntarnos, como era previsible, y la Gran Vía está llena de banderas de España de grandes dimensiones, lo que resulta muy grotesco para los españoles de varias generaciones. Me repugnan las banderas en general pero especialmente la del país en que nací. Mucha gente aquí no puede agitar la bandera nacional sin sentir que lo que está agitando en realidad es el fascismo de Franco.

Y por otra parte Maradona tienen razón: el bigotón se equivocó. No hubo ni equipo ni juego. En casa dicen que como el Barça acabó la selección acabó. Dejo ahí esa polémica.

El hambre de ganar

Vicente Del Bosque, un mes atrás, antes del drama, con ese estilo paternal con que a veces los técnicos ven el juego, pareció admitir las dudas.

Cada día les vamos dando un toque a los jugadores para que nos sintamos inseguros ante los próximos retos. Eso es importante, que no creamos que porque hayamos ganado antes, vamos a ganar ahora. Aunque también tengo que decir que los ojos de ellos, después de haber ganado tanto, no son los mismos que cuando empezaron. Estoy seguro. Pero sí también estoy seguro de que ellos tienen muy buenas intenciones de cara a los próximos campeonatos. (…) eso nos pasa a todos. No somos los mismos cuando tenemos 18 o 30 años (…) Como un asunto personal, viendo que sólo un entrenador pudo ganar la Copa del Mundo dos veces seguidas, en un buen servicio a la selección española tendría que haber dejado venir a otro.

Ahora que España ha perdido su segundo partido en el Mundial los jugadores parecen darle la razón. Tal vez lo que faltó es el qué sé yo. El hambre de ganar. Dicen acá en este valle del silicio que si no puedes conseguir que alguien haga algo por dinero, tú otra alternativa es convencerlo de que lo haga por la gloria. De tener ambas cosas, en realidad no te queda nada. Si acaso la nostalgia.

Tal vez.

Perdimos porque nos ganaron debería ser una explicación plausible como las otras. De pronto es que ya no eres tan bueno. Que el tiempo pasa. Que es difícil ser lo que fuiste. Alvaro Arbeloa, el defensor campeón hace cuatro años y que no fue convocado en este, lo puso en términos menos complejos: “A veces estas mierdas pasan.” Y sí, a veces. Este asunto de creer que para poder basta con querer ha ido demasiado lejos.

La alegría no es solo brasilera

Hoy hace exactamente 24 años grité el primer gol de mi vida con verdadera emoción, fue este:

 Mi abuela todavía estaba viva, la casa no estaba remodelada y yo era una niña cerca de la adolescencia, mi hermano quizás ya iba a la universidad, no lo recuerdo ese día en la casa.

El gol de Alemania se sintió como una puñalada en el corazón pero el gol del empate de Rincón fue de pronto el momento más bello de toda esa década, un gol que era la única alegría que, como país, sentíamos en muchos años.

Un empate con sabor a triunfo brutal, un gol que nos aliviaba la tristeza, que desdibujaba por un momento el aura de enorme dolor que rodeaba al país en esos durísimos años entre estallidos de bombas y asesinatos promovidos por los narcos. Solamente el año anterior habían matado a Luis Carlos Galán e hicieron estallar la bomba del DAS que alcanzó a mover las tejas y los cimientos de mi casa, a unos 8 km. del lugar. Solo por hablar de un par de asuntitos que marcaron a toda una generación de colombianos.

Crecí acostumbrada a creer que éramos una generación condenada a puras mierdas malas, a que en los deportes siempre cada pequeño triunfo nos costara mucho, a que cada diminuta cosa buena que nos pasara tuviéramos que celebrarla y sentirla hasta la médula porque todo lo que pasaba en nuestro diario vivir era suficientemente malo. Que siempre nos faltaban cinco para el peso, que todo lo del pobre era robado, que la alegría era solo brasilera, que no teníamos motivos para reír. Que sí los teníamos ya matarían a alguien, ya estallaría una bomba en algún lugar.

Vi el gol de Rincón ese 19 de junio una y otra y otra y otra vez. No me cansé, lo vi en todos los noticieros, en todas las repeticiones, por tres y cuatro días. La emoción y el grito de Fredy Rincón, que era la emoción de todo un país, me impresionaron profundamente, emoción que reencontré hace apenas un par de años en una exposición el Museo Nacional, en donde estaba esa emblemática foto en gran formato.

fredyrincon

Acerca de la expo decía el Museo Nacional:

Después de 28 años de no participar en un Mundial, el 30 de octubre de 1989 la Selección Nacional dirigida por Francisco Maturana logró clasificar tras dos partidos de repechaje contra la Selección de Israel. Esto ocurría durante uno de los periodos más violentos vividos en Colombia: tres candidatos a la presidencia fueron asesinados entre 1989 y 1990, se produjeron varios atentados contra instituciones como El Espectador y al DAS, además de masacres, secuestros, extorsiones y amenazas a la población civil. El mundo del fútbol nacional no estuvo exento de esta coyuntura. El 15 de noviembre de 1989 fue asesinado el árbitro Álvaro Ortega después de haber pitado un partido en Medellín, hecho que -sumado a la violencia vivida entonces en el país- condujo a la suspensión del campeonato colombiano de fútbol durante ese año. Con ello, la participación de Colombia en el Mundial de Italia 90 se constituyó en mucho más que un campeonato deportivo para los aficionados, se transformó en el símbolo nacional por excelencia, un símbolo que muchos quisieron vincular con la esperanza, la alegría y la paz.

Un país hecho de fútbol – Museo Nacional de Colombia

Nunca me voy a cansar de ver ese gol, porque sin duda debe haber sido el momento más feliz esos tempranos años de mi vida. La primera vez que sentí la verdadera emoción del fútbol y de un gol de mi selección.

Hoy, 24 años después, el día del aniversario de ese gol, otra vez canto los goles de Colombia, mi grito sigue siendo tan genuino como ese primero y nuestra alegría (la de todo un país) parece otra, una más madura y menos contenida, parece que pese a todo no nos resignamos a la tristeza. El aire parece otro, algo huele muy parecido al tímido renacer de la esperanza.

Todavía nos cuesta ganar pero ya no parece tan imposible como antes. Ya hasta le mostramos al mundo entero cómo es que se baila en esta esquina del continente. La alegría no es solo brasilera.

 

 

Nuestro dragón

Colombia le ganó un partido difícil a un equipo que bien podría habernos destrozado: unos señores gigantes que corrían como el viento. Atacó y defendió. No se dejó. Hizo lo que se supone que corresponde hacer y así se impuso, incluso con el aura de Drogba en la cancha impulsando a Costa de Marfil como una ola gigante. Diría más pero no quiero que el entusiasmo me nuble el juicio. Ya vendrá nuestro editor a hacer el comentario técnico de rigor.

Tener a Faryd Mondragón en esa banca es como tenernos ahí también. Esta sonrisa somos nosotros:

Faryd

Hay veinte años de distancia ahí.

El peor enemigo del hincha es la sal: siete tips para vencerla

Dime por qué lloras y te lamentas en tu ánimo cuando oyes referir la suerte de los dánaos y de Troya.

Urdiéronla los dioses, que hilaron su perdición, para que los venideros tuvieran asuntos que cantar

La Ilíada

El hincha se define por su irracionalidad.

Pese a que sabe mucho sobre estrategias, acumula una incansable cantidad de datos de cotejos pasados, sabe las alineaciones perfectas e identifica exactamente cuál fue la falla de ese cabrón del técnico que en suma fue la causa de la debacle, sabe en lo más hondo de su ser que el juego depende en gran medida de la suerte y que una gran dosis de esta es necesaria para triunfar.

Por eso el enemigo supremo del hincha no es el árbitro, no es el mejor jugador del otro equipo ni el que más pata da, no, el enemigo supremo, el que hay que vencer a toda costa es “la sal”.

Nuestro corresponsal en Brasilia, desde el estadio Mané Garrincha, hincha redomado, hincha de muchas batallas (ganadas y perdidas) en una breve entrevista concedida esta mañana nos ha confiado algunos de sus secretos para espantar la sal:

1. No ir estrenando, ni siquiera un cordón. Es de comprobada pésima suerte.

2. Si alguien canta un gol antes de que pase la línea de gol, este no sucede.

3. Hay que odiar al árbitro siempre.

4. Es necesario usar la misma ropa del partido anterior que se ganó. Debe entenderse como un mandato radical: hay que usar las mismas medias, la misma ropa interior, sobre todo eso.

5. Si algún amigo dentro de su grupo está identificado como “la sal” no hay que dejarlo ni escuchar el partido. Ahora bien ¿cómo saber si alguien es la sal? eso se sabe y todos empiezan a decirlo (cuando el río suena piedras trae).

6. No se reza, pero se invoca a dios en situaciones complicadas con un ¡dios mío, por favor! seguido de lo que uno necesita (solo se piden cosas positivas).

Sobre todo cuando Drogba corra solo hacia el arco de Colombia, ahí hay que pedirle a dios que se abra un hueco en la cancha y desaparezca, algo así de positivo.

7. No desear lesiones, porque los que juegan, así sea en un potrero, siempre piden por la salud de todos.

Entonces: ¡dios mío, por favor, que en esta cancha ganemos hoy!

mané garrincha