Fútbol cuántico

En el minuto 65 de los cuartos de final entre Brasil y Colombia, James cobra para los colombianos una falta desde el lado derecho. La pelota caerá en el centro del área brasileña. Justo en el momento del impacto al balón, dos jugadores colombianos estarán en fuera de lugar. Guarín, quien previo al lanzamiento ha intentado distraer a la defensa rival exagerando una posición adelantada. Ese plan no funcionará. Y Yepes, nuestro héroe en cuestión. La pelota cae y todo es tensión. Desesperados los brasileños tratan de negociar algún despeje urgente. Desesperados tres colombianos tratan de sacar un tiro al arco entre tanta confusión. Al suelo muy pronto ha ido Zapata, el otro defensor colombiano, complicando las circunstancias. Tres segundos o una eternidad después, es Yepes el que le da un final al asunto.

Es gol.

Y luego deja de serlo.

El juez de línea dice que ha visto una violación a la regla del fuera de juego. Un jugador no está cometiendo una infracción simplemente por estar en posición de fuera de juego. Pero hay algunas cosas que no puede hacer. Ésta dualidad hombre en fuera de juego hombre que no ha hecho nada es análoga a la dualidad onda partícula de las vainas elementales. Es y no es pero seguramente es algo. Nadie entiende la mecánica cuántica o el fútbol. La infracción ocurre cuando el jugador en fuera de juego se involucra en la jugada, es lo que dice la regla. Lo uno y lo otro están sujetos a la interpretación de un observador, en este caso el árbitro, y bueno, digamos que las cosas no estuvieron muy bien por ese lado.

Si usted encuentra una máquina del tiempo y puede volver a este momento, éstas son algunas cosas que puede hacer para ayudar: Sugerir a Yepes no intervenir en las circunstancias y ceder el honor a Ramos que de todas maneras está ahí al lado. Proponer al juez de línea que el balón ha tocado a un brasileño primero, antes, mucho antes de todo este drama, invitando a la re-evaluación de lo que es lo que ha sido y lo que será.

Por último, preste atención a la cara de Armero al final, justo antes de ser empujado por el reclamo de un Yepes enardecido. Cómo queremos a Armero.

Euforia Colectiva

Tal vez lo que más dice de la semifinal de hoy es que tras el gol brasileño que dejaba las cosas 7-1, Boateng, el último hombre alemán se da la vuelta protestando, exigiendo más atención, más presión. De ese tamaño estuvieron las cosas. El consenso es que este Brasil era menos fútbol y más un sobreviviente corazón. Lo pareció en los primeros minutos, con el impulso del himno logro empujar a Alemania a su campo. Alemania aguantaba cómodo, a decir verdad, con Schweinsteiger haciendo de Makelele en ese 4-1-4-1 que a los suramericanos tanto nos ofende pero que resulta bien pragmático a la hora de plantarse en el juego. Ya luego Brasil empezó a mostrar las fallas, era cuestión de tiempo. Primero Marcelo pierde el balón en campo contrario y tras una frenética carrera hacia atrás logra negociar el tiro de esquina. Luego Luiz, hiperactivo pero muy desamparado sin Silva, pierde de vista a Mueller por medio segundo y con eso bastó para el primer gol. La estadística no recomienda esto de empezar perdiendo. Diez minutos después Alemania atacó tres veces y marcó tres goles. Y, pues, ni modo.

Le preguntaron a Scolari que por qué no hizo algo, cualquier cosa, para detener el desmadre. Y el man, incrédulo, como si la explicación estuviera demás dijo que lo pensó pero que en realidad no hubo tiempo. Íbamos 0-1 y luego entramos en shock, y así. A veces le pide uno demasiado a los técnicos. Alemania ha vuelto a la formación que usó en Surafrica, los experimentos de la fase inicial se presumen atrás. No será invencible, pero lo parece. También parecen saberlo.

Muy emocional todo este asunto hoy. Sigo creyendo que Colombia debió jugar esta semifinal y cada vez me sirven menos las razones que me dan para que no haya sido así. Que el árbitro, que el gol anulado, que la rudeza brasileña, y esa madre de todas las explicaciones: es que no nos dejaron jugar. Qué diablos quiere decir que este Brasil de mentiritas nos haya eliminado. Qué lección hay acá. Dice Hornby que el estado natural del hincha es el de la amarga decepción, qué importa el resultado. Hoy al caer los goles alemanes qué amargo se me volvió todo. Te cambio toda esa justicia divina, el bailecito, el campeonato moral y el diagnóstico féliz por lo que viene y todas estas razones hechas y no hechas en nombre de nuestra social bacanería por esta determinación alemana. Y haber jugado hoy. Ganar no lo es todo: es lo único, dicen acá. Si tan solo.

Bah. Mejor paro ahí. ¿Será la rabia el último paso en el duelo o falta todavía más?

Toni

Matías Manna escribiendo en Paradigma Guardiola

A Kroos no lo quieren. A lo quieren pocos. Por momentos es apático, no es visible en la presión, no mide en un ningún test más que los otros mediocampistas y no es veloz…En medio del Mundial de la negación del centrocampista, puede haber esperanzas. Toni Kroos logró subsistir en el mediocampo alemán. Equipo histórico que siempre prefirió el músculo, ahora tiene a Kroos que no salta, no corre más rápido que nadie, no cabecea, ni defiende alocado pero interpreta el juego como nadie y genera un orden jugando, dando pases y haciendo mejores a sus compañeros.

Los futbolistas de élite empiezan el camino en la niñez. En ese momento no hay nada decidido, solo el afán por jugar. Ser delantero, defensa, mediocampista, arquero, es algo que vendrá después. Antes hay que machacar el juego. Qué sé yo. El destino ya llegará. A veces llega equivocado, el delantero mediocre que fue reinventado como defensor de poder. Cosas así. Me gusta esa descripción de Kroos porque imagino la situación rondándole la cabeza a algún DT alemán resolviendo el dilema. Tenemos este mediocampista acá, no se parece a nada de lo que tenemos, no es mejor que nadie pero él nos hará mejores a nosotros. El lugar común es que el fútbol es como la vida. El destino nos encuentra y encontramos el destino, y a veces la mejor manera de encajar es ser diferente. Quién lo creyera, que íbamos a estar un día en julio defendiendo el rodillo alemán frente a los inventores del fútbol lírico. Pero en eso vamos.

Hablemos de lo que no sabemos

Decía que antes del partido de octavos teníamos esta duda sobre la idea de Colombia. Salía a buscarlo desde el principio o salía con precauciones. Yo interpreté el 4-4-2 como lo segundo, pero eso es porque yo no sé de fútbol. La consecuencia del 4-4-2 era que James iba a un extremo de la cancha y Cuadrado al otro. Según me dice internet, James jugaba en esa posición en el Porto pero no lo hace en su club actual, ni lo había hecho con Colombia hasta ahora, en donde ha ido como diez clásico en el medio del campo. La razón de la táctica, según entiendo, era sacar a James de la maraña que Pékerman intuía que le tenían preparado los uruguayos a su hombre clave. Entonces si uno vuelve a ver el partido ve a James haciendo estas diagonales hacia dentro y hacia afuera que resultaron increíblemente desconcertadoras para los uruguayos.

Ese segundo gol es una maravilla. No he podido conseguir algo de mejor calidad pero esta es una vista desde arriba de toda la jugada. El asunto arranca en Ospina en la parte de arriba. Luego la jugada se va al lado izquierdo con Cuadrado y Teo como instigadores. Si mira al lado derecho casi pegado a la línea está James, más atrás Armero. Todo el asunto parece irse por el lado izquierdo, la defensa uruguaya se la juega hacia allá, algo que parece lógico. Preste atención a la carrera de James primero llevándose a la defensa cuando la jugada parece cambiar de lado y luego Armero para recibir de Martínez y centrar. La defensa uruguaya se mueve de un lado a otro sin mucha idea de saber qué hacer. Tremendo gol.

Hablemos de James, pero hablemos de Pékerman.

Eso sí, cuesta entender a qué jugó Uruguay, además de a espesar el juego. El viernes con Brasil el asunto es otro. Será como jugar frente al espejo. ¿Cómo diablos juegas frente a un equipo que juega como tú? ¿cómo te derrotas a ti mismo? Tenemos tres días para jugar a ser técnicos y hablar de lo que no sabemos.

El equipo maravilla

Lo que más me gusta de ese primer gol colombiano es que James y la pelota se mueven en sincronía, primero se encuentran en el pecho de él y luego se mudan a la izquierda, se mueven los dos, contentos, como dos novios, diría Guardiola. Es un enorme recurso técnico de James, por supuesto, pero la pelota lo entiende, cómplice, como queriendo decir sé lo que tienes en mente y no para de gustarme.

Qué cosa maravillosa este partido y este equipo y este momento.

Lo comentábamos acá que había una incógnita colombiana en estos octavos. Lo sale a ganar o sale preocupado por el contragolpe de un rival más curtido en estos niveles. Que si esa vuelta colombiana al 4-4-2 era un poco tener la cabeza en lo que hace Uruguay, y menos en el talento propio. Pero qué absurda se ve ahora esa duda. Impecable Colombia, incuestionable, feliz, haciendo de un segundo gol una declaración de intenciones, una pequeña sonata para esa pueril garra charrúa.

Cómo no te voy a querer Pekerman si nos tienes en cuartos de final, invictos, felices, orgullosos. Orgullosos. Orgullosos de este man James, ¿sabe lo que dijo James en rueda de prensa, así todavía en el uniforme y en chancletas? que jugar un mundial era lo que soñaba desde niño. Desde niño. 22 años tiene James y se está jugando uno para la historia. Orgullosos de Zuñiga y Cuadrado que como se dice esto qué forma de inclinar el campo hacia lo que te venga en gana. Y mejor paro. Mejor paro y me emociono con esta emoción que no me dejará dormir. Mejor así, mejor estar despiertos para este grito de gol.

Y estas ganas de ganar, estas ganas de ganar no se me quitan.

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El demonio de Uruguay

Es un viejo decir, un lugar común, que el fútbol es un juego de caballeros jugado por rufianes. Es un decir muy viejo para estos tiempos.

En lo que va de su carrera de futbolista profesional, Luis Suárez, héroe nacional en Uruguay, demonio en todas las otras partes, agredió a tres rivales via, bueno, mordisco. El primer incidente fue en Holanda y por ello su club de entonces, Ajax, lo sancionó con dos partidos y una multa. El segundo incidente fue en Inglaterra, por el que fue sancionado con diez partidos sin jugar y una multa. El tercer incidente, por supuesto, acaba de ocurrir y la FIFA lo castiga con nueve juegos sin poder jugar con su selección y cuatro meses sin poder contacto alguno con el fútbol, ni visitar estadios, ni jugar.

Lo ominoso en los tres casos es la arbitrariedad de la agresión. Un momento todo anda normal, y de repente Suárez agrede. No hay agresión mutua, no hay altercado previo, si acaso alguna discusión, pero la cosa no se ve venir. Las víctimas reaccionan acorde, con más sorpresa que dolor. Ciertamente peores cosas se han visto en un campo de fútbol, con consecuencias más serias, con algún jugador gravemente lesionado, y que se descartan como gajes del oficio, cosas del juego, es que es un juego de contacto ¿recuerda?, esto es para hombres ¿no le decíamos?.

El castigo es ejemplar, por supuesto. Y la FIFA entiende que el comportamiento antideportivo hay que sancionarlo por el bien del juego, por el ejemplo a los que apenas empiezan, por el ejemplo para los que lo ven. O quién sabe. Tal vez hay un tono de persecución en este asunto, algo falso en las explicaciones hechas desde ese tercer piso moral de las autoridades, que parece un castigo por lo que pudo ser, por lo amplio que se pone el panorama cuando alguien pierde el control.

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Messi o No

Andrés Neuman, el escritor, habla de lo que Messi no es, en dos partes muy buenas.

No me engaño con la fábula pueril de que Messi es tan humilde que desprecia el poder […] Pienso más bien que a Messi le interesa un tipo específico de poder: el de jugar como le da la gana sin que nadie le pida explicaciones. Desde su estatus de estrella, no parece esperar tanto que los demás hagan lo que él dice, como que los demás le permitan hacer lo que a él le da la gana.

(…)

Al terminar [Argentina – Irán], Romero lo resumió con esa tensa capacidad observadora de los arqueros. «El enano frotó la lámpara», dijo. Así se lo espera a Messi: como una providencia casi externa al equipo. Más como un fugaz milagro que como una actitud contagiosa. ¿Por qué en el Mundial anterior, pese a llegar en mejor forma, Messi no fue tan decisivo como en este? Quizá porque su entrenador se empeñó en hacerle de espejo.

No creo que me falle la memoria en esto, que la cosa hace cuatro años no fue muy diferente. El entrenador en cuestión era, como no, Diego Maradona, el eterno diez, D10S. Decir que Maradona tenía un plan para el equipo sería darle demasiado crédito. Lo que había era, como ahora, un equipo construido para Messi, a su gusto, a su comodidad. Cambian los nombres, claro. No cambia mucho la desazón del resultado. Messi juega como quiere pero no logra lo que queremos. Frota la lámpara pero la magia se parece más a la suerte que a la autoridad. Qué habla más de nosotros, este anhelo insaciable por un héroe o lo mal que andamos porque nos tocó el último héroe hedonista.

La imagen la tenemos en la cabeza. Messi toma el balón, lo ata al botín y arranca a correr, en el camino atrayendo defensas crédulos confiados que lo que aquí falta es el rechazo estándar, la traba de siempre, pasa el balón o el jugador pero no ambos. Lo de siempre. Pero lo de siempre no funciona nunca, así todos decidan tratar, y en esta acumulación de defensas estamos todos hasta que Messi se inventa algún pase a encontrar a algún compañero, ya en lo que vamos, libre y preparado mentalmente para marcar. O a veces patea el mismo, como por no dejar. Esas carreras, dónde están esas carreras.

Menos mal que esto es un blog indie fácilmente olvidable. Me arriesgo a decir que este no es el mundial de Messi. No parece serlo. Como no lo fue el anterior. Y ya no quedan muchos. Messi nos sigue debiendo a Messi y ya no sabemos de qué manera cobrarle.

La llave

Tiene algo de poético, supongo, jugar un mundial en Brasil, nación del fútbol poético, y que después de una primera ronda llena de goles y emoción y súper potencias eliminadas, estemos hablando de que es de lo mejor que hemos visto en mucho tiempo. Que la gane cualquiera, igual este mundial será nuestra Winnie Cooper.

Exagero. Estaba mirando la llave y lo que hay y lo que queda.

La llave del lado izquierdo se ve terrible. Todo un juego de tronos. Ganando los (bueno, “mis”) favoritos tendríamos en cuartos de final a Brasil, Colombia, Francia y Alemania y que sea lo que dios quiera. Si uno de estos se queda atrás el envalentonado que ocupe el lugar vendrá con el impulso del de aquí en adelante todo es ganancia. Brasil la anfitriona no te vayas tan ligero quedate para que el resto podamos mirar con suspiro y desdén al infinito anhelando el jogo-bonito del que tanto nos hablaron nuestros padres. Francia la de los uniformes bonitos por la que no tengo nada que decir porque francamente no pensé que llegarían hasta aquí, vaya sorpresa. Alemania el Mannschaft de la tierra del casi pero nunca jamás que no gana serio desde que éramos jóvenes de otra vida seguirá un poquito más para darnos tiempo de por fin entender qué diablos hace Lahm jugando de mediocentro. Y Colombia, que si a ustedes no les choca, a mí en lo personal me gustaría que se quedara por estos lados digamos hasta mediados de Julio.

La llave del lado derecho se ve terrible. Todo un juego de tronos. Holanda la que nunca gana renunció al balón a cambio de defensa y vértigo de parte del velocista Robben y hasta Cruyff se ofendió porque hágame el favor pero la vaina funciona así que cómo le hacemos. Costa Rica que qué diablos hace acá renunció a la idea de defender el cero por una urgencia más schopenhaueriana, adelante que la vida es corta y llena de frustraciones y lo único que nos queda es el arte y la irreverencia. (Exagero.) Argentina que si por favor me dejan seguir creciendo seguro que lo van a agradecer pero por favor tengan paciencia no tendrá mayores problemas con Suiza. O de pronto al contrario. Todo dependerá de Messi, en lo que será la búsqueda introspectiva del yo más seria que el mundo haya visto desde aquella vez que mi mamá pidió que si iba a ser gay que le avisara con tiempo. Y Bélgica y Estados Unidos seguirán preguntándose qué hacen ahí y nosotros también.

Cómo no te voy a querer

Dice Javier que ahora sí, esto se puso serio. Ahora que nos dimos cuenta que podemos ganar, la idea de perder espanta más. Cuando el sorteo estuvo, comentábamos que era un grupo mentiroso. Fácil en el papel, en ese sentido arbitrario que usamos para juzgar la viabilidad de una victoria sobre una selección mundialista. No clasificar era entrar en una duda existencial. Clasificar holgadamente era llegar a los octavos de final, el verdadero inicio del mundial, con un convencimiento no del todo sano, a enfrentar a un rival más serio, más potente. Colombia ha clasificado con solvencia, y el rival en la siguiente es Uruguay, un equipo que fútbol más fútbol menos, sabe competir. La posibilidad de perder es más real que nunca.

Otra forma de verlo, es que si no te ilusionas ahora, no te vas a ilusionar nunca.

Me sigue pareciendo que Colombia no tuvo una primera ronda muy exigente. Grecia, un equipo ahí. Costa de Marfil, mucho músculo, mucha improvisación, empujó bastante. Japón pateó mucho, tal vez porque ya estaba todo dicho Colombia lo permitió pero queda la duda si con un equipo con más olfato para estas cosas el resultado hubiera sido distinto. No sabemos cómo reacciona el equipo si se ve en desventaja. O como resuelve con el rival tirado atrás apostándole al contragolpe. Hasta ahora, solo hemos sabido ganar.

Uno que no sabe de estas cosas analiza sin tener idea, se ilusiona con poco, a veces con nada, a veces, como en este caso, con mucho. Se aventura uno en filosofías, en metáforas pretensiosas. Me dicen acá, que lo nuestro es conformismo pero también racionalizar incluso las derrotas como pequeñas victorias. Justificarlo todo y aceptar lo que venga. Yo no sé de estas cosas y vivo en un lugar en el que el fútbol quiere decir a veces poco o casi siempre nada, lejos de compinches con quién celebrar. Pero lo pienso y lo pienso, le doy vueltas a esta ilusión y me doy cuenta que lo que quiero es ganar, este partido que viene, más que todos los demás, este partido que viene, lo quiero ganar.

De la mano de Joachim

Ya entrados en el tema, pensaría uno, uno que, digamos, ve el mundial sin verlo, que ya tendríamos un candidato serio a ganar este asunto, un equipo de los muchos que haya dado el golpe en la mesa o algo. Pero España se va, Inglaterra se va, Italia y Uruguay deciden quién se queda en el último partido, Alemania que aunque la verdad sea dicha seguramente pasará, tendrá que jugar su tercer partido como quien quiere la cosa, Argentina pasa dejando dudas con un Messi desaparecido, y Brasil va por ahí con la inercia del local. Son los sospechosos de siempre.

Lo de Alemania es de rascarse la cabeza y mirar al cielo. En el primer partido esencialmente eliminaron a Portugal con una de esas victorias que además de quitar los puntos quitan también las ganas de estar vivo. Pero en el segundo se vieron arrollados por un Ghana dispuesto a quedarse. También es de rascarse la cabeza, esta vez con mano en la barbilla, el ver lo que Low ha modificado en el equipo que ha funcionado en el pasado. Del viejo doble pivote Khedira y Schweinsteiger con Özil, Mueller y Podolski por delante, ha cambiado a un 4-3-3 dándole labores de mediocampo a Lahm, en otra época lateral derecho, con Khedira y Kroos de interiores. La idea, supongo yo, que no sé de estas cosas, es optar por más control de balón (posesión, pues) y menos, digamos, rodillo alemán en el medio y vértigo en el avance. Cuando Mourinho quiso aventurarse al toque toque los que no sabemos de estas cosas llegamos a pensar con desdén que tener a Özil y no apostarle al vértigo es de una terquedad de museo. Este último empate ha puesto el experimento en evidencia, el partido se jugó como Ghana quiso y a la velocidad que quiso, y eso ya es mucho cuento.

Solo nos queda La Naranja Mecánica, es lo que le quiero decir.

El Sexto Sentido

Dijo Sabella, al terminar el Argentina – Irán que su equipo ganó con un gol al borde del final, que todo el asunto les había costado mucho, que en el primer tiempo habían tenido cuatro o cinco ocasiones de gol y que en el segundo sufrieron un poco en el contragolpe pero que por fortuna Argentina tiene a Messi que resuelve estas cosas con alguna genialidad, que Irán es un equipo muy trabajado y disciplinado. Lo que nos deja, a los más escépticos, pensando si la consecuencia general de la declaración es que Argentina no lo es.

Valdano escribiendo para El País hace muchos años sobre otro drama:

Claro que lo entendemos [que el rival es complicado] y lo aceptamos, pero a una Eurocopa se va, precisamente, a saber si un equipo está preparado para las cosas difíciles y de qué modo las va a afrontar. El sexto sentido del fútbol alemán es el muscular, el del italiano es la competitividad, el del holandés es el balón. Son distinciones, características salientes, columnas en las cuales apoyarse en caso de duda. Si soy alemán y no sé qué hacer, corro; si soy italiano y no sé qué hacer, muerdo, me defiendo como gato panza arriba y, en todo caso, no me resigno; si soy holandés y no sé qué hacer, intento dominar el balón.

¿Qué hace Argentina cuando no sabe qué hacer? En realidad lo único que sabe hacer. Apostarle a la genialidad de Messi o alguna desiderata improbable de Di María. Ha funcionado hasta ahora. Está por verse si con eso alcanza para ganar la copa del mundo.

El consenso es que Argentina jugó mal y sin variantes frente al cinismo defensivo que propuso el rival. Que nadie defienda a Irán, dejemos eso claro. Un equipo que renuncia al ataque con una defensa de 9 hombres en un mundial que hasta ahora es fan del gol, es un irrespeto al canon, es la renuncia al compromiso de jugar al fútbol. Ni Teymourian, ni Reza, ni Dejagah, han sido héroes de algo, a pesar de que cerraron la puerta a Argentina, y un empate hubiera sido demasiado premio a un fútbol tan mezquino y demasiado premio para los que ponen la política antes que el buen gusto.

Ahora ya clasificados tendrán menos presión y una oportunidad para seguir creciendo, le dicen a Sabella, y él rápidamente dice que ahí veremos. Luego del primer partido en el que salieron con una alineación inusual, de cinco defensores y tres mediocampistas, con un desempeño abismal, Messi salió a decir que mejor era un 4-3-3 al que estamos acostumbrados, uno muy barcelonés, con Gago de interior derecho haciendo de Xavi, y Di María del otro lado haciendo de Iniesta y adelante Messi haciendo de Messi. Para este segundo partido sus deseos fueron órdenes, pero el juego fue igual de malo. Y aunque una genialidad suya decidió el partido, lo cierto es que el genio de Messi sigue sin aparecer.

El hambre de ganar

Vicente Del Bosque, un mes atrás, antes del drama, con ese estilo paternal con que a veces los técnicos ven el juego, pareció admitir las dudas.

Cada día les vamos dando un toque a los jugadores para que nos sintamos inseguros ante los próximos retos. Eso es importante, que no creamos que porque hayamos ganado antes, vamos a ganar ahora. Aunque también tengo que decir que los ojos de ellos, después de haber ganado tanto, no son los mismos que cuando empezaron. Estoy seguro. Pero sí también estoy seguro de que ellos tienen muy buenas intenciones de cara a los próximos campeonatos. (…) eso nos pasa a todos. No somos los mismos cuando tenemos 18 o 30 años (…) Como un asunto personal, viendo que sólo un entrenador pudo ganar la Copa del Mundo dos veces seguidas, en un buen servicio a la selección española tendría que haber dejado venir a otro.

Ahora que España ha perdido su segundo partido en el Mundial los jugadores parecen darle la razón. Tal vez lo que faltó es el qué sé yo. El hambre de ganar. Dicen acá en este valle del silicio que si no puedes conseguir que alguien haga algo por dinero, tú otra alternativa es convencerlo de que lo haga por la gloria. De tener ambas cosas, en realidad no te queda nada. Si acaso la nostalgia.

Tal vez.

Perdimos porque nos ganaron debería ser una explicación plausible como las otras. De pronto es que ya no eres tan bueno. Que el tiempo pasa. Que es difícil ser lo que fuiste. Alvaro Arbeloa, el defensor campeón hace cuatro años y que no fue convocado en este, lo puso en términos menos complejos: “A veces estas mierdas pasan.” Y sí, a veces. Este asunto de creer que para poder basta con querer ha ido demasiado lejos.

El equipo de todos

El vecino de acá al lado me dice que en este mundial sigue a Estados Unidos, cómo no, pero la fuerza lo que se dice la fuerza la hace cuando juega Inglaterra. “Es que de allá es mi papá”, me aclara. Un amigo brasileño y su esposa colombiana, me cuentan, han encontrado en el equipo estadounidense un breve territorio neutral entre tantas diferencias de sentir el fútbol. Hay un hijo de por medio, nacido acá y para efectos prácticos criado también acá, que ahora tiene que balancear su gusto futbolístico entre tres equipos. Nadie sabe cómo manejar esa situación. En la fila del almuerzo una doña comentaba que había celebrado el gol del triunfo del otro día ante Ghana casi pero no tal cual como celebra los de su natal Mexico. “El tri es otra cosa” explicaba. Con ese tono en que de ser necesario uno explicaría una infidelidad. Fue una aventura nada más, un desliz, qué sé yo, pero no significó nada en realidad.

Acá en este país en donde todo el mundo viene de otra parte el equipo local es el equipo de todos. Sirve que no es muy bueno. No faltaba más. No faltaba más que el imperio de todo lo demás fuera también el dominador de lo único que nos queda. Sirve que es un equipo inofensivo, al que le podemos ganar. Supongo. Lo vemos jugar con cierta ternura. Nos da curiosidad esa actitud tan autóctona del vamos a pretender que somos los mejores a ver a cuántos podemos engañar, o ese rombo en el medio campo tan anacrónico, o ese técnico alemán, de khakis, polo y tenis, ya acostumbrado a las maneras californianas, tan relajadas ellas.

El fútbol, a veces, ignorando realidades.

Sí, Sí, Colombia

La celebración del primer gol de Colombia en su partido inaugural ha encantado a todos, en especial a los más acostumbrados a la formalidad celebratoria europea en donde ir más allá del grito de gol y la pila de futbolistas empieza a rozar el mal gusto. La celebración colombiana ha sido, por supuesto, encantadora, pero lo que a mí más me ha emocionado no ha sido el mapalé del asunto sino un breve instante en la carrera de Armero. El man hace el gol y sale en carrera pidiéndole a todos los compañeros que le den espacio que no se apilen todavía, que vengan con él hacia la banda que allá se encuentran todos. En medio de la carrera cae en la cuenta que no se ha persignado y entonces con gesto de disculpa de cómo se me ocurre semejante vaina que así no me criaron en la casa, lo hace, cumple su obligación y luego sigue en lo que iba, ustedes pónganse aquí, cuando les diga salten allá, y así.

(Lo de abajo es un videíto, click para verlo completo. click.)

Gol en tres actos

1.

La Furia Roja, acostumbrada a ponerle músculo a la cosa, llena todo el tiempo de un favoritismo que rompía corazones una vez el asunto marcaba ilusión o los cuartos de final, lo que sea que llegara primero, se encontró eliminada en el mundial del 2006 por un gol en tiempo de descuento y la sensación de haberlo intentado todo y no saber qué hacer.

Buscando qué más había, Josep Guardiola vio en la selección mexicana un qué tal si de pronto:

Ricardo Lavolpe, argentino él y seleccionador mexicano, ha escogido que su defensa salga jugando. No que empiece jugando, que es otra cosa. Para Ricardo Lavolpe, empezar jugando es pasarse la pelota entre los defensas, sin mucha intención, para pasar la pelota algunas veces y lanzarla, la mayoría de las veces. Pero Lavolpe obliga a otra cosa. Obliga a salir jugando, que no es otra cosa que jugadores y pelota avancen juntos, al mismo tiempo. Si lo hace uno solo no hay premio, no vale. Han de hacerlo juntos. Como lo hacen los novios cuando salen juntos.

En el principio, entonces, fue una pirámide invertida y una idea: salir jugando. Como lo hacen los novios. Luis Aragonés, el seleccionador para el 2006, había dicho que se iba si nada iba, y aunque nada fue, al fin se quedó porque qué tal si de pronto.

2.

Para clasificar al mundial del 2006, España había tenido que jugar la repesca. Su juego no los convencía ni a ellos mismos. Los comentaristas se debatían entre confiarle el mediocampo a la rigidez defensiva o al talento creativo. El mismo Aragonés se preguntaba si era buena idea mantener en el equipo a su delantero histórico, ya en su ocaso, todavía más polarizador.

Los dos años que siguieron, sin embargo, aclararon las dudas. El Barcelona dirigido por Guardiola empezó a ganar con la idea catalana y, o fortuna, holandesa, del juego de posesión. Cruyff, el eterno, en su altar de obi wan futbolístico catalán, promovía la tenencia de la pelota como única vía al equilibrio. Tener la pelota, jugar en el campo contrario, presionar al rival en su propia área, perderla poco, recuperarla pronto. Y así todo se irá dando.

3.

A los rivales les tomó tiempo resolver el enigma. En el camino lo intentaron todo. Una simulación propia del juego de posesión, la defensa cínica, regalar las bandas, regalar el centro, la suerte y la cábala. Ha sido el Real Madrid de Mourinho el que ha dado con la formula, pragmática y sencilla. Esperar primero en esa zona extraña que los comentaristas llaman tres cuartos de cancha, las líneas juntas primero y luego en un instante separadas a toda velocidad, como un pequeño inflatón balompédico. Nada ofendió más al Barcelona de Guardiola que su defensa corriendo hacia atrás.

Ahora en este mundial, Holanda ha ganado a España con una versión de esa estrategia, ejecutada a la perfección. España tocó y tocó y tocó hasta quitarle los dibujos al balón. Pero hasta poco antes del final del primer tiempo apenas ganaba uno a cero. El empate, una respuesta posmoderna y un tanto cínica al aspaviento rococó del rival vino en tres toques que cubrieron toda la cancha hasta alcanzar a un Van Persie suspendido en el aire.

Autogoles

Roberto Bolaño trataba de explicar lo inexplicable:

Mi experiencia como jugador de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por mis compañeros de equipo. A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol salvo si uno se llama Pelé o Didí o Garrincha, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia. Aclaras ante tus compañeros y ante el público, que tu juego es otro.

Pero qué va. Eso solo le sirve a los poetas. El autogol es el mismo acto vulgar y descortés cometido contra uno mismo. Es perder los pantalones justo cuando habías perdido el miedo a hablarle al público al que imaginabas desnudo. Es caminar por toda la oficina con un terco pedazo de papel higiénico en los pies que se pegó desde que usaste el baño esta mañana. Es un te quiero pero cómo amigo seguido de un incrédulo ¿qué tal?. Es tratar de hacer esta lista de clichés y seguir fallando. Es un gesto de independencia solo si la opresora ha sido la felicidad.

Feo partido de Brasil que lleva lo que lleva jugando al fútbol decepcionando a todos los que esperan ese “jogo-bonito” de leyenda y que nadie sabe definir del todo pero que ocurrió hace mucho tiempo. Lo más seguro, antes de que hubieras nacido, justo después del ocaso de la naranja mecánica.

Blog Mundialista

Cada cuatro años desde hace ya un tiempo comparto con amigos y conocidos un texto que leí en El País en 1998. “El Mundial me saca de quicio” empieza, como si el título aún dejara dudas, con una declaración de sentimientos: “No me gusta el fútbol.” A mí, que en condiciones normales el fútbol es lo único que logra conmoverme, por estos días me pasa lo mismo. No soporto este nacionalismo irracional. O aquel optimismo sin fundamento. O esa pretensión por hablar sin esencia y más de la cuenta de estrategias tácticas y oportunidades sin aprovechar y de lo que hizo y de lo que no hizo y de lo que debió hacer el técnico de turno en el momento de mayor tensión. El Mundial me saca de quicio de la misma manera en que los habitantes locales de una ciudad pierden la calma cuando el verano trae las cantidades industriales de turistas que vienen a tomarse fotos y a poco más.

Pero entonces me acuerdo de Tardelli camino al suelo y pateando hacia un gol de victoria y luego corriendo enloquecido con esa emoción que no se acaba nunca contándole a todo el que quiera oír que lo que aquí nos concierne es solo un juego, pero mira todo lo que nos hace sentir.

Esto es un blog mundialista de parte de quienes vivimos el fútbol con urgencia y quienes vemos el juego de la selección local como la hora ideal para ir a hacer mercado. Se me ocurrió esto el otro día y ellos me siguieron la corriente, la alineación titular, si lo suyo son los clichés: Javier Moreno, Aleyda Rodríguez, Mónica Sánchez, María Camila Vera, Olavia Kite, Nadia Bautista, y, dios mediante, Renato Pollagrande y doña Marina Diazgranados, “Marinita”, que me conoce desde que tenía dos años y que entiende el fútbol como entiende su casa: sin regueros. Y yo, Maximiliano Vega, un servidor.

Los extranjeros

Dice Pelé en una entrevista a un diario español que hay que hablar de Xavi, que es el bueno en una selección llena de buenos y favorita en mundial de selecciones muy buenas. Y no tanto de, supongo, Messi o Ronaldo, estrellas cada uno por su cuenta en selecciones con distintos niveles de confusión. Y no tanto, supongo, de Diego Costa, el brasileño nacionalizado español al que han recibido en su país con gritos de traidor porque si algo entendemos en el fútbol es que hay dios y patria y estas cosas se respetan. O algo.

 

Calculo, sin mirar, que la mitad de las selecciones que juegan en la Copa del Mundo tienen un jugador nacido en otra parte. Nacionalizado por fortuna para cubrir alguna debilidad en defensa, alguna oportunidad en ataque. Si el fútbol de cada día es una vaina en donde se compite con base en el nivel de la gambeta, en el fútbol mundialista se compite con base en la arbitrariedad del lugar de nacimiento. Qué diablos quiere decir nacer en alguna parte en estos tiempos. O algo.