Se le dan dos tazas

Hoy Dios se volvió a exceder y castigó a los brasileños con una final mundialista en su propia casa con Argentina como contendiente y ellos mientras tanto en la cancha auxiliar luchando el tercer lugar más triste de la historia tras recibir la apaleada de sus vidas.

Argentina jugó más que nada a repeler los ataques de los monstruos goleadores holandeses y a respaldar a Messi en asaltos al arco opuesto, fallidos todos por falta de un clon de Messi que convirtiera en gol las oportunidades (algunas muy buenas) que logró generar (o en su defecto un James Rodríguez). El gran héroe fue mi tocayo Javier Mascherano, que destruyó con una barrida perfecta (desvió la pelota con apenas la punta del pie) la mejor oportunidad que el temible Robben tuvo para anotar en todo el partido. La precisión del movimiento de Mascherano merecería una entrada entera (¡una oda!) sobre el prodigio físico de estos futbolistas profesionales que por desgracia ahora no me puedo permitir.

Otro gran héroe fue el arquero argentino, el barbado Sergio Romero. La estocada final es toda suya.

Holanda, mientras tanto, se vio opaca, incapaz de meterse con propiedad dentro del área argentina. De cierta forma la suya fue una reproducción del estilo de juego muy estructurado pero tal vez demasiado metódico (demasiado cauto) que ya había mostrado con Costa Rica. La conclusión fue similar, salvo que en esta ocasión los penales no los favorecieron. El arquero intimidante entrenado para penales se quedó en la banca: el calculador van Gaal había gastado todos los cambios. Calculó mal.

Aunque suene a obviedad, los holandeses perdieron porque no supieron cómo ganar. Los argentinos, en cambio, ganaron porque resistieron hasta el final. A veces no se necesita mucho más.

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Ni con palo ni con rejo

Y sí, bueno, la ilusión rencorosa era que Alemania derrotara a Brasil pero nadie esperaba que les hundieran siete goles. Creo que Dios se excedió.

El primer gol se sintió reivindicativo. Cuando llegó el segundo pensé “karma”. El tercero lo atribuí a la confusión producida por los dos primeros: el asalto los descompensó. A partir de ahí dejé de entender. Cuando llegaron al sexto ya nadie celebraba. La impotencia defensiva de Brasil aterraba. Los goles eran culposos, casi accidentales, de quien sabe que humilla y no quiere realmente hacerlo pero no puede no hacerlo porque esto es el fútbol y anotar es una exigencia primaria. Alguien me hizo caer en cuenta de que algún director de producción pudoroso decidió descontinuar de la transmisión las caras ocasionales de brasileños descompuestos entre el público, con la pintura verde y amarilla corrida por las lágrimas. Tal vez el dolor cuando se alcanzan los cinco goles se vuelve demasiado íntimo para exponerlo así. Hasta el registro de dramatismo televisivo en vivo tiene límite, igual que el espacio para los nombres de los que anotaron gol debajo del marcador de la transmisión: sólo cabían cuatro.

Después vino el cierre y las tomas de los jugadores acongojados. Probablemente ellos entendían casi tan poco como los espectadores. De nuevo pensé “karma”: Brasil había jugado a no jugar ni dejar jugar contra Colombia respaldados por ese arbitraje licencioso que convirtió el partido en una larga falta con fractura vertebral al cierre. Fue un juego odioso, de un patán mimado y sin dignidad. Ni siquiera era fútbol efectivo. Era solo triste. Cuando ese juego terminó el desvergonzado de David Luiz se acercó a Rodríguez y pidió al público aplausos para el joven mediocampista (que todavía sigue siendo el goleador del mundial). Algunos vieron grandeza en el gesto; yo sólo vi cinismo (o tal vez culpa mal disimulada): David Luiz, al fin y al cabo, fue copartícipe del matoneo deshonroso que Rodríguez recibió durante todo el partido (excusado como marca). Si su respeto por Rodríguez fuera sincero lo primero que debió hacer fue pedirle disculpas a nombre de la desgracia de equipo al que pertenecía. No pasó. Ni de cerca. Por eso cuando lo vi hoy llorando y pidiéndole perdón a los brasileños por la humillación que habían permitido no me dio ni un poquito de pesar. Bien merecido.

Habría dado gusto ver jugar a Colombia (o a Chile) contra los alemanes, un equipo serio que sí quería jugar.

David Luiz llora

Lo poco que queda

Los clasificados a semifinales son cuatro equipos que parecen representar muy bien la tradición del deporte pero no tienen mayor encanto para ofrecer.

Los hay que hablan bellezas de Alemania y Holanda pero yo no las veo. Veo equipos que ganan con desgano, como por cumplir una obligación, a punta de fuerza bruta. No me emocionan ni me sorprenden.

Argentina y Brasil, por su parte, languidecen bajo sus respectivas famas, con Argentina sobreviviendo de milagro a cada partido con el apoyo del gran Messi y Brasil, convertido en escuadra mafiosa, empeñado en ganar este torneo cueste lo que cueste, a las malas o a las peores si hace falta.

Quedan cuatro partidos. No es fútbol que me muera por ver.

Para este punto creo que lo único que me importa es que Brasil no gane. De resto todo me da medio igual.

Chicha

Eran los años setenta y en medio del fervor revolucionario la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá estaba fuera de control, tomada por protestas estudiantiles, reuniones de células urbanas de las varias guerrillas y empapelada de pancartas. Todos los días grupos de jóvenes idealistas enruanados se acostaban en la setenta y dos a parar el tráfico y exigir otros mundos. Las batallas con la policía eran frecuentes y sangrientas. El rector estaba desesperado y decidió desalojar la universidad por unos días. Para reforzar el desalojo compró unos perros pastores alemanes gigantes que repelieran cualquier intento de retoma.

Lo que cuenta la leyenda es que en medio de todo eso, una noche, como acto reivindicativo, un estudiante valiente de educación física claramente loco decidió saltar las rejas y entrar a la universidad para reclamarla. Los ladridos le advirtieron que tenía poco tiempo. Intentó correr hacia la seguridad de alguno de los edificios pero los perros lo agarraron y le arrancaron media nalga. Los vigilantes tuvieron que rescatarlo antes de que lo despedazaran. Lo llevaron al hospital. Un testigo presencial me cuenta que el rector recibió una llamada en medio de la noche y tuvo que salir de carrera al hospital a asegurarse de que todo estuviera bien. De regreso en la casa, con la situación aclarada, le contó a sus hijas que un estudiante se había metido a la universidad pero los perros le habían dejado ese rabo hecho chicha. El muchacho por fortuna sobrevivió.

Ese estudiante era el entonces muy joven Jorge Luis Pinto y ese sigue siendo su talante. Tal vez por eso esta tarde vuelve a saltar rejas y romper reglas establecidas (y tradiciones y roscas y demás mierdas) para enfrentar a los monstruos de Holanda con un equipo pequeñito y bizarro que representa a Costa Rica. De pronto lo logren. En este mundial yo ya no descarto nada. Me encantaría verlos ganar.

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Así que esto es perder

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1. Lo que no me gusta del perder es ganar un poco es que niega la derrota, y si la derrota no existe, si es presentada como una forma velada de victoria estética o moral, entonces de paso por ahí mismo se van los errores y defectos que tal vez valdría reconocer si se quiere avanzar hacia mejores resultados y, por qué no, grandes triunfos. La máxima que se convirtió a punta de fracasos de todo tipo en el lema de la selección colombiana de los noventa explicita una mediocridad cómoda: si ganamos así perdamos que para qué ganar.

2. Hace unos meses mi mamá me envió del pueblo una caja que contenía, entre otras cosas, tres camisetas de la selección compradas en algún puesto callejero del mercado. Cuando las recibí le reclamé el regalo porque soy malagradecido y no sé apreciar gestos. Le dije que para qué nos enviaba eso si sabía que nosotros no las íbamos a usar. Ella me apostó que cuando llegara el mundial las usaríamos. Le respondí que lo dudaba mucho.

3. Mi infancia entera fue una larga evasión activa de todo lo relacionado al fútbol. Nunca demostré mayor interés por mundiales o equipos. Nunca intenté llenar un álbum Panini. Los juegos, seré franco, me aburren. Todavía hoy. De viejo, sin embargo, aprendí a fingir para no desencajar. Los tolero como distracción de fondo. Me cuesta sostener la atención. Nunca había logrado desarrollar un vínculo sustancioso con lo que pasaba en la cancha. A veces me emocionaba brevemente con algún partido pero jamás (incluso en los estadios) había sentido esa conexión de los que realmente se sumergen, lloran, gritan y lo viven. A veces envidiaba eso.

4. Lo envidiaba porque en esa conexión había un compromiso: quienes viven el juego disfrutan las victorias pero también aceptan el riesgo de derrumbarse con la derrota. El compromiso requiere aceptar la posibilidad de un golpe duro en el orgullo: caer cuando el equipo cae, no sólo verlo caer.

5. Durante los noventa vi partidos. Una vez en San Andrés le pedí un autógrafo al Chicho Serna que atesoraba en mi billetera hasta hace poco como uno de mis chistes favoritos. Recuerdo el 5-0 y el caos subsiguiente. Recuerdo jugadores y tragedias. Eran héroes naturales: berracos, ambiciosos, enloquecidos por glorias falsas, malditos, perdidos en un campo verde imposible de franquear, de rodillas ante destinos (a veces) horriblemente crueles. Recuerdo goles. También recuerdo el fervor colectivo que aunque no compartía podía percibir, así como el sentimiento de desazón que aumentaba progresivamente con los partidos. Cada mundial era un trauma, a veces con muertos, y arriba de todo eso siempre estaba la frase reiterativa de que no importaba perder porque nuestro juego era fantástico. Éramos unos artistas incomprendidos que en un mundo ideal ganaríamos todos los partidos. Con interés por el fútbol o sin él, sospecho que todo aquel que vivió Colombia entre el 90 y el 99 desarrolló una cautela natural, un cinismo preventivo, ante cualquier aspiración a la grandeza futbolística. Eso no nos correspondía. Ese exceso de entusiasmo era bruto y vulgar, indigno de perdedores refinados, de casta, como nosotros.

6. Así que cuando este mundial empezó, con Colombia de regreso, desempolvé mi cautela y me dispuse a ver los partidos irónicamente, convencido de que el equipo naufragaría en sus inseguridades y finalmente, si acaso, lograría una victoria agónica sobre Japón cuando ya igual la eliminación era un hecho. Jugamos como nunca y perdimos como siempre, diría en broma en Twitter, y me desentendería de la vaina. Ese era el plan.

7. Entonces los vi jugar.

8. Y podría aquí extenderme e intentar explicar, pero yo no sé de fútbol, de verdad no sé, y lo único que alcanzaría a decir sonaría a sentimentalismo vacío mezclado con nostalgia de la tierra distante y cada vez menos mía. De pronto me entusiasmaron su juventud y alegría (la paternidad me ha vuelto sensible). También pudo ser la garra que le metían a cada partido, esa determinación de ganar en equipo inclaudicable. Era inspiradora. Me tocaba hondo. Eran los herederos de los titanes de hace veinte años: una generación nueva que tenía lo que quiera que a esos otros no habían logrado nunca concretar. Empecé, casi sin darme cuenta, a sentir cariño por esos muchachos. Los admiraba, agradecía lo que hacían por mí y me consideraba parte de ellos. Sin querer, sin desearlo, me comprometí. Su juego me hizo creer. La curtida cautela parecía de repente como un irrespeto a su dedicación y entrega.

9. Vi el partido contra Uruguay con la camiseta puesta. Apagué el computador y me concentré. Tenían toda mi atención. Cuando Rodríguez extendió los brazos para celebrar el gol me dieron ganas de saltar a través del televisor, abrazarlo y darle las gracias por toda esa grandeza feliz que nos regalaba. Ganar era ganar y perder era perder, pensé, y eso era ganar. Eso sí.

10. El de hoy también quería ganarlo. Eso es lo que quería. Quería ganar y celebrar con ellos. Ganarlos todos. Contar a detalle otro gran gol. Me senté en el sofá a verlos ganar y lagrimié con el himno nacional. Pensé: hoy vamos a hacer algo inmenso, nos corresponde, es nuestro turno.

11. El primer gol de Brasil me abrió un vacío en la panza. El gol anulado me dolió. Era el gol de Yepes, mi contemporáneo, el del primer y último mundial de su vida. Sufrí cada falta. Odié la prepotencia agresiva de los brasileños. Compartí la indignación ante las decisiones discutibles del árbitro. Celebré el penalti. Todavía había tiempo. Vi los últimos minutos del partido de pie ante el televisor, frustrado, confundido, angustiado, molesto, con ilusión fluctuante. Hasta el pitazo de cierre mantuve la confianza en que el marcador podía cambiar y podíamos ganar, en que íbamos a encontrar la sincronización perdida y remontar. No pudimos. El equipo no funcionó, hoy no. Los muchachos estaban nerviosos. Se dejaron intimidar. Eso pasa. La presión debe ser brutal. Quise abrazarlos de nuevo a todos al final.

12. Entré a este mundial con cinismo y salí muy afectado. No estoy realmente triste, creo que no, pero sí estoy conmovido. Soy un nerd de treinta y siete años, tuve un Naranjito colgante que llevaba al cuello en 1982, y de todos modos siento como si este fuera mi primer mundial. Me siento pequeño y maravillado. Este equipo de niños felices y extraordinarios motivados por el señor Pékerman me ayudó a entender lo que significa disfrutar el fútbol de verdad. Llegué al partido ante Brasil triunfalista y no puedo decir que ese triunfalismo se haya diluido o que esté desengañado. Esta selección me cautivó y pese a la derrota sigo creyendo en ellos, en lo que pueden lograr. El miedo que evidenciaron hoy me hace quererlos todavía más porque me recuerda que apenas arrancan y con la experiencia sólo crecerán.

13. Después del partido, para despejar la cabeza fuimos al parque a ver qué había en el festival de música que organizan en la ciudad cada año por esta época. En la tarima principal encontramos un conjunto vallenato. Todos los músicos llevaban la camiseta roja. Muchísimos colombianos también uniformados esperaban entre el público. Algunos llevaban banderas como capas. Llegamos en el momento justo en que empezaron a tocar. El presentador advirtió que tocarían desde la pena de la derrota fresca, pero esa música que tocaron no sonaba a desolación ni vergüenza sino al canto orgulloso del vencido que sabe que pronto volverá con más. Le daban duro a ese acordeón. Me entraron ganas de bailar. La verdad no me arrepiento un ápice de haberme ilusionado y haber creído que estos pelaos podían llegar hasta el final. Sigo creyéndolo. Este era el mejor equipo del mundial. En cuatro años no nos vamos a dejar.

Baile colombiano

Triunfalismo

Sean triunfalistas si quieren: no se dejen inhibir por los esotéricos que creen que la ilusión intensa es castigada. La gracia de esto es disfrutar. Igual si pierde el equipo van a ponerse tristes no importa lo moderados que hayan sido con sus deseos y aspiraciones. Ciertos llamados a la moderación son comprensibles y hasta necesarios (por ejemplo cuando los políticos anuncian guerras civiles si no son ellos los elegidos), pero exigirle al hincha deportivo moderación en sus ilusiones es pura mezquindad: la gracia de ser hinchas radica en esa desproporción que es posible permitirse en lo que concierne al juego. Quedan muy pocos lugares de la vida social donde sea tolerado el desmadre emocional. No dejen que el fútbol sea tomado por los morrongos muertos-en-vida que sólo aceptan, con mucha racionalidad orgullosa, flojos optimismos cautos.

kowalski

¿Cómo va el índice de Huertas? (2)

Cuatro más partidos que pasaron volando y que terminan la fase de octavos de final. Ocho equipos sobrevivieron. De los primeros cuatro partidos ya hablamos. Los siguientes cuatro dejan al índice maltrecho pero todavía en pie. El índice predecía: victoria de Francia sobre Nigeria (sí, angustiosa pero sí), victoria de Alemania sobre Argelia (de nuevo sí, aunque el modelo predecía una victoria contundente que en realidad nunca llegó), victoria de Argentina contra Suiza (otra vez sí, y otra vez casi que no) y, finalmente, una victoria de Estados Unidos sobre Bélgica (que no fue (esta me dolió), pero en el índice sí fue: 0,09 para Estados Unidos y 0,07 para Bélgica — uno de esos partidos atípicos en los que el vencedor es ofensivamente más “débil” (en este sentido preciso que evalúa el índice) que el derrotado). Así, sobre cuatro puntos yo le pondría un 3,7. Sumando el 2,6 de los primeros partidos el modelito sucio e improvisado logra un honroso 6,3 sobre 8. Seguro que le fue mejor que al pato Alberto. La guartinaja de Montelíbano, Córdoba, Colombia, sí nos superó con 7 de 8.

Un dato adicional (para preocuparnos): el equipo con el mejor índice de Huertas fue Colombia (0,3) seguido de Países Bajos (0,2).

Como dije en la anterior entrada, los índices de Huertas de estos partidos contribuyen información a la tabla con la que se calculan los coeficientes ofensivos y defensivos. Para los equipos sobrevivientes estos números son: Brasil (0,457-0,035), Colombia (0,943-0,015), Países Bajos (0,815, 0,046), Costa Rica (0,517-0,019), Francia (0,537-0,016), Alemania (0,618-0,025), Argentina (0,435-0,029) y Bélgica (0,336-0.048). Esto quiere decir que los índices de Huertas que el modelo predice para cuartos de final son:

Equipo A Equipo B Huertas A Huertas B Pronostico
(HA/HB)
Brasil Colombia 0,007 0,033 0,21
Países Bajos Costa Rica 0,015 0,023 0,65
Francia Alemania 0,013 0,009 1,38
Argentina Bélgica 0,021 0,009 2,13

En este caso el modelo no parece predecir ningún empate. El partido más parejo sería Francia – Alemania (con ventaja para Francia). Yo por mi parte me conformo con que la primera predicción se cumpla el viernes a las buenas o a las malas. El resto me valen güevo, pero (contradiciendo al modelo) sospecho que Países Bajos se lleva a Costa Rica sobrado.

¿Cómo va el índice de Huertas?

Cuatro del ocho partidos de octavos de final han sido jugados y el modelo predictivo basado en el índice de Huertas ha tenido un desempeño desigual: predecía (es un decir) empate de Brasil y Chile (bien), victoria de Colombia sobre Uruguay (bien), victoria de México sobre Holanda (casi pero no) y victoria de Costa Rica sobre Grecia (empataron y finalmente Costa Rica ganó en serie de penales). Podría decirse que logró algo así como 2.6 sobre 4. Yo lo rajaría.

Algunos detalles:

  • Aunque Brazil y Chile empataron a un gol, el índice de Huertas favoreció a Chile: 0.133 – 0.068. La superioridad de Chile fue evidente durante buena parte del juego pero al borde de la derrota los locales lograron empatar e imponerse en una serie de penales deprimente.
  • El partido de México y Holanda concluyó con un 2-1 por un gol por penalti a ultimísimo minuto (falta discutible a Robben en el área) y sólo hasta el minuto 90 fue empatado por Holanda. Hasta entonces el partido lo ganaba México por un gol. En índice de Huertas el resultado fue 0.235 para Holanda y 0.133 para México. Por experimentar calculé también el que sería el índice si a Holanda no le dan ese penal: 0.111. Eso le hubiera dado a México una pequeñísima ventaja sobre Holanda en el indicador. Dado este detalle, de pronto podríamos despachar este resultado como ruido (si se tratara de defender el índice).
  • Finalmente, pese a que Grecia y Costa Rica empataron a un gol (de nuevo, como en el partido del medio día, el empate llegó en el minuto noventa) el índice de Huertas favorecía ostensiblemente a Costa Rica 0.25 contra 0.064 de los griegos. El resultado de los penaltis, podría decirse, fue justo. De todas maneras siento que esta es la predicción más descachada del índice hasta ahora, pues el cálculo del viernes le daba una ventaja inmensa a Costa Rica. El partido fue lamentable.

Estos nuevos números se pueden añadir a la matriz de resultados para recalcular coeficientes ofensivos y defensivos para todos los equipo contando con más información. Cuando terminen los siguientes cuatro partidos publicaré, por jugar, pronósticos para los cuartos de final. Por lo pronto adelanto que pese al empate Costa Rica parecería tener una ligera ventaja sobre Holanda, pero si juegan como jugaron hoy contra los griegos dudo mucho que el índice de Huertas los ampare. Ese fútbol flojo no lo aprueba Dios.

Chilenos llorando

Así que esto es ganar

James Rodríguez ad infinitum

Y ahora qué se hace con esto. Ahora que sabemos lo que se siente ganar y se empiezan a acumular partidos en la etapa seria de este torneo al que esta vez entramos con timidez excepcional, cómo se supone que debemos procesar lo que está pasando.

De pronto ya llegamos al punto en el que necesitamos dejar de excusarnos en la suerte y pasar a reconocer que este equipo funciona genuinamente y se comporta a la altura de sus gigantescos jugadores. Es todo lo que pensábamos/soñábamos que eran los equipos fallidos de los noventa y más. Tienen el tipo de genialidades que reverenciábamos (Cuadrado, por ejemplo, es un estratega finísimo) pero también tiene una fuerza ofensiva salvaje, que nos pasma todavía como si fuera imposible de aceptar proviniendo de un muchacho nacido en Cúcuta y criado en Ibagué, y la disciplina que se suponía incompatible con nuestro estilo sabrosón y tropical.

El chiste de que somos favoritos para ganar (o al menos llegar lejos) empieza a transformarse en un augurio serio que asusta e intimida. El siguiente rival es un monstruo de verdad.

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Por el poder del índice de Huertas

Álvaro Huertas

En la antesala de la siguiente ronda de partidos (serán ocho) aprovechemos para seguir dando vueltas alrededor del índice de Huertas (el señor sonriente aquí a la derecha que no se ha visto ni un partido de este mundial).

Advertencia: esta entrada es estrictamente for the lulz y le va la madre al que la tome en serio y empiece a decir imbecilidades obvias sobre las debilidades evidentes del modelo predictivo que vamos a proponer (las sabemos, pero nos parece divertido jugar con los números — no hay pecado alguno en eso; aquí no creemos en la sal).

Arranquemos con la tabla de partido a partido con el índice de Huertas relativo para los equipos correspondientes (o sea calculado usando los tiros y goles del partido para cada equipo).

Noten que en la mayoría de los partidos el radio entre el número de goles y el radio de los índices de Huertas son similares: cuando el índice de Huertas de A es mayor que el índice de Huertas de B, A le gana a B. Hay dos tipos de excepciones: en rojo marco los partidos donde el equipo victorioso tuvo menor índice de Huertas que el derrotado. Estos fueron partidos apretados donde hasta el último minuto no era del todo claro quién ganaría. En amarillo marco los partidos empatados a más de cero goles donde la diferencia de índice de Huertas es notoria en alguna dirección: o sea partidos en los que la aparente ventaja en fuerza ofensiva por alguna razón no alcanzó a imponerse lo suficiente como para superar el empate (el ejemplo más memorable, a mi parecer, es el 2 – 2 de Estados Unidos – Portugal). Espero que no se me haya volado ninguna otra rareza.

Equipo A Equipo B Goles A Goles B Huertas A Huertas B
Brazil Croatia 3 1 0.3000 0.1429
Mexico Cameroon 1 0 0.1538 0.0000
Netherlands Spain 5 1 0.4167 0.1429
Chile Australia 3 1 0.4000 0.1176
Colombia Greece 3 0 0.3158 0.0000
Costa Rica Uruguay 3 1 0.3529 0.1667
Italy England 2 1 0.2353 0.0870
Ivory Coast Japan 2 1 0.1538 0.2222
Switzerland Ecuador 2 1 0.1739 0.1429
France Honduras 3 0 0.2400 0.0000
Argentina Bosnia-Herzegovina 2 1 0.2857 0.0909
Germany Portugal 4 0 0.4211 0.0000
Iran Nigeria 0 0 0.0000 0.0000
USA Ghana 2 1 0.3333 0.0833
Belgium Algeria 2 1 0.1600 0.5000
Russia South Korea 1 1 0.0870 0.1333
Mexico Brazil 0 0 0.0000 0.0000
Netherlands Australia 3 2 0.2609 0.2857
Chile Spain 2 0 0.3333 0.0000
Croatia Cameroon 4 0 0.2963 0.0000
Colombia Ivory Coast 2 1 0.2353 0.1250
Uruguay England 2 1 0.4000 0.1111
Greece Japan 0 0 0.0000 0.0000
Costa Rica Italy 1 0 0.1250 0.0000
France Switzerland 5 2 0.2941 0.1905
Ecuador Honduras 2 1 0.2857 0.0909
Argentina Iran 1 0 0.0800 0.0000
Germany Ghana 2 2 0.2500 0.1600
Nigeria Bosnia-Herzegovina 1 0 0.0690 0.0000
Belgium Russia 1 0 0.1429 0.0000
Algeria South Korea 4 2 0.4000 0.3333
USA Portugal 2 2 0.2000 0.1429
Netherlands Chile 2 0 0.2353 0.0000
Spain Australia 3 0 0.4286 0.0000
Brazil Cameroon 4 1 0.2759 0.1538
Mexico Croatia 3 1 0.4000 0.1538
Uruguay Italy 1 0 0.1053 0.0000
Costa Rica England 0 0 0.0000 0.0000
Colombia Japan 4 1 0.4706 0.0645
Greece Ivory Coast 2 1 0.2222 0.1176
Argentina Nigeria 3 2 0.1935 0.2667
Bosnia-Herzegovina Iran 3 1 0.3529 0.2222
Switzerland Honduras 3 0 0.2308 0.0000
Ecuador France 0 0 0.0000 0.0000
Germany USA 1 0 0.1053 0.0000
Portugal Ghana 2 1 0.1600 0.0952
Belgium South Korea 1 0 0.1000 0.0000
Algeria Russia 1 1 0.1429 0.1538

Aquí viene la magia: existe un procedimiento en álgebra lineal (Huertas en persona lo sugirió) que permite, dada una configuración como esta, obtener para cada país dos números positivos, llamémoslos Coeficiente Ofensivo (CO) y Coeficiente Defensivo (CD) tal que los índices de Huertas del partido del equipo A y el equipo B son aproximadamente (y hay que enfatizar que en este caso es entendiendo el aproximadamente de una forma bastante laxa) CO(A) x CD(B) (Huertas de A) y CO(B) x CD(A) (Huertas de B).

El CO de un equipo mide su capacidad ofensiva, digamos, base (entre más alta mejor) y el CD de un equipo es un número que mide cómo es afectada la CO de un oponente cuando se enfrenta al equipo en cuestión (0 sería el que aniquila la capacidad ofensiva del oponente siempre).

A continuación la tabla de CO y CD para cada país de acuerdo a los cuarenta y ocho partidos de la primera fase:

Equipo CO CD
Brazil 0.4398 0.0254
Croatia 0.4529 0.0598
Mexico 0.4230 0.0131
Cameroon 0.1175 0.0620
Netherlands 0.6971 0.0366
Spain 0.4364 0.0641
Chile 0.5600 0.0302
Australia 0.3080 0.0931
Colombia 0.7802 0.0162
Greece 0.1697 0.0370
Ivory Coast 0.3028 0.0581
Japan 0.2190 0.0534
Costa Rica 0.3650 0.0142
Uruguay 0.5131 0.0397
Italy 0.1797 0.0271
England 0.1513 0.0543
Switzerland 0.4545 0.0373
Ecuador 0.3273 0.0226
France 0.4079 0.0163
Honduras 0.0694 0.0647
Argentina 0.4271 0.0306
Bosnia-Herzegovina 0.3390 0.0493
Iran 0.1697 0.0370
Nigeria 0.2563 0.0165
Germany 0.5929 0.0137
Portugal 0.2313 0.0612
USA 0.4073 0.0283
Ghana 0.2586 0.0635
Belgium 0.3077 0.0427
Algeria 0.7964 0.0553
Russia 0.1839 0.0358
South Korea 0.3564 0.0502

Observación breve: el equipo con el mayor CO es Algeria (seguido de Colombia) y el equipo con el menor CD es México (seguido de Costa Rica).

Ahora empieza la especulación absurda: como notamos en la primera tabla, dado un partido entre A y B, los índices de Huertas de A y B para ese partido parecen ser un buen indicador del resultado. Pero ahora los CD y CO de cada equipo nos permiten predecir índices de Huertas de A y B para equipos que no se han enfrentado: basta multiplicar los correspondientes coeficientes de forma cruzada, como explicaba más arriba.

Por supuesto, todo esto es ridículo porque en realidad contamos con apenas tres partidos para cada equipo (o sea nada), pero imaginémonos por un momento que los CD y CO que obtuvimos son medidas más o menos serias. Si esto fuera así, entonces lo siguiente que deberíamos hacer es calcular los índices de Huertas de los partidos programados para la fase que viene:

Equipo A Equipo B Huertas A Huertas B Pronostico
(HA/HB)
Brazil Chile 0.0133 0.0142 0.9341
Colombia Uruguay 0.0309 0.0083 3.7231
France Nigeria 0.0067 0.0042 1.6170
Germany Algeria 0.0328 0.0109 3.0111
Netherlands Mexico 0.0092 0.0155 0.5916
Costa Rica Greece 0.0135 0.0024 5.5932
Argentina Switzerland 0.0160 0.0139 1.1483
Belgium USA 0.0087 0.0174 0.5007

Quien llegue hasta acá merece un premio: además de calcular los pronósticos del índice de Huertas para cada partido, añadí una columna llamada Pronóstico con la razón entre el Huertas del primer equipo y el Huertas del segundo. Si le creemos a lo que sugiere la primera tabla, una razón muy cerca de 1 diagnosticaría un empate (ese sería nuestro pronóstico incauto para Chile – Brasil); una razón menor a 1 diría que el segundo equipo gana y una razón sobre 1 querría decir que el primer equipo gana. Hagan ustedes sus estimaciones. La magnitud de la razón indicaría algo así como la contundencia de la victoria, pero creo que ya estamos sobrepasando los niveles de abuso cuantitativo tolerables incluso para un blog de aficionados ignorantes como este.

Lo mejor, en cualquier caso, es no confiar en ningún modelo predictivo (todos son horriblemente imprecisos sobre todo en lo que respecta a mundiales — este corresponsal no apostaría ni un peso por ninguna de esas dizque predicciones) y más bien disfrutar del fútbol, que siempre es más edificante que cualquier tabla de números, especialmente en lo que va de este torneo.

Que mañana ganen los mejores, o sea Colombia y Chile.

Porcentaje de pases acertados por equipo (Tercera ronda)

Para continuar con los resúmenes de la tercera ronda, aquí el gráfico obligado comparando efectividad de pase de los diferentes equipos. Esta vez, contraviniendo reglas de gramática básica de esos gráficos de barras, incluí el número de goles anotados en el partido sobre la barra. Definitivamente parecería no haber mayor correlación entre victoria y superioridad en POPA en un partido.

pases.relativos.tercera.ronda

POPA parece medir la aptitud para manejar cierta herramienta de juego pero no necesariamente para volverla un factor decisivo de triunfo. Mañana si hay tiempo cuelgo el acumulado de POPA para los primeros 48 partidos a ver qué cara tiene.

El regreso del índice de Huertas

Ahora que la fase de grupos ha terminado (48 partidos; 136 goles) podemos regresar al índice de Huertas, que pretendía, como les contaba ayer, medir efectividad ofensiva de los países de acuerdo al número de tiros, número de tiros al arco y número de goles a favor.

Dado que el índice es propuesto por un colombiano, no debe sorprendernos que Colombia encabece la tabla al cierre de esta fase. Con ese propósito fue diseñado: para alentar el triunfalismo ciego que incomoda a tanto morrongo por ahí.

Más notable, sin embargo, es la (aparente) capacidad del índice de Huertas para detectar a los equipos clasificados con muy poca información (apenas tres variables acumuladas): exceptuando a Grecia, Nigeria y Bélgica, los demás equipos clasificados encabezan la tabla descontando un bache extraño en el sexto lugar de Croacia, que fue eliminado por México.

En algún artículo leí que se referían a Camerún como el peor equipo de este torneo. El índice de Huertas ilustra bien a qué se refieren con eso. Otra: de pronto Estados Unidos tiene más chance contra Bélgica del que le calcula muy conservadoramente don Nate Silver. Otra más: Chile tiene con qué darse con Brasil. Y otra: Grecia no debió clasificar.

País Goles Tiros Tiros al
arco
% Tiros al arco
sobre tiros
% goles
sobre tiros
% goles sobre
tiros al arco
Índice
de Huertas
Colombia 9 37 16 43 24 56 0.34
Argelia 6 26 12 46 23 50 0.32
Países Bajos 10 41 23 56 24 43 0.31
Chile 5 26 10 38 19 50 0.28
Alemania 7 38 16 42 18 44 0.26
Croacia 6 39 15 38 15 40 0.22
Estados Unidos 4 27 9 33 15 44 0.22
Costa Rica 4 28 11 39 14 36 0.21
Suiza 7 50 20 40 14 35 0.20
Brasil 7 47 23 49 15 30 0.20
Uruguay 4 31 10 32 13 40 0.20
México 4 33 10 30 12 40 0.19
Francia 8 63 26 41 13 31 0.18
Argentina 6 51 19 37 12 32 0.17
Australia 3 27 8 30 11 38 0.17
España 4 36 14 39 11 29 0.16
Ecuador 3 32 10 31 9 30 0.14
Bélgica 4 44 15 34 9 27 0.14
Costa de Marfil 4 47 12 26 9 33 0.14
Corea del Sur 3 34 13 38 9 23 0.13
Bosnia-Herzegovina 4 48 18 38 8 22 0.12
Ghana 4 56 13 23 7 31 0.12
Portugal 4 52 18 35 8 22 0.11
Nigeria 3 42 16 38 7 19 0.10
Italia 2 33 9 27 6 22 0.10
Grecia 2 33 11 33 6 18 0.09
Inglaterra 2 38 12 32 5 17 0.08
Rusia 2 39 12 31 5 17 0.08
Irán 1 24 6 25 4 17 0.07
Japón 2 49 13 27 4 15 0.06
Honduras 1 33 10 30 3 10 0.05
Camerún 1 42 4 10 2 25 0.04

Índice de Huertas

Pregunté en Twitter qué me recomendaban para medir efectividad de ataque usando número de tiros, número de tiros al arco y número de goles. Álvaro Huertas, un físico colombiano devenido en activista altermundista y radicado en la república independiente de Escocia, propuso un puntaje-f. La analogía tiene sentido: el puntaje-f pretende medir la precisión de un test usando la fracción de resultados positivos sobre el total de evaluaciones y la fracción de resultados positivos sobre el total de evaluaciones que deberían ser positivas (ahí en el enlace pueden ver la fórmula: es la media armónica de estos dos valores). En este caso particular cada equipo sería un test y un resultado positivo sería meter gol. El total de evaluaciones sería el total de tiros y el total de evaluaciones que debieron ser gol debería ser el total de tiros al arco.

Esta es la tabla de equipos en el mundial ordenados de acuerdo al índice propuesto por Huertas y considerando sólo sus resultados en los primeros dos juegos del mundial:

País Goles Tiros Tiros al
arco
% Tiros al arco
sobre tiros
% goles
sobre tiros
% goles sobre
tiros al arco
Índice
de Huertas
Argelia 5 18 6 33 28 83 0.42
Chile 5 18 9 50 28 56 0.37
Alemania 6 25 10 40 24 60 0.34
Holanda 8 28 19 68 29 42 0.34
Colombia 5 24 12 50 21 42 0.28
Uruguay 3 17 5 29 18 60 0.27
Francia 8 42 17 40 19 47 0.27
EEUU 4 23 9 39 17 44 0.25
Croacia 5 29 12 41 17 42 0.24
Costa Rica 4 24 9 38 17 44 0.24
Corea del Sur 3 18 9 50 17 33 0.22
Ecuador 3 20 8 40 15 38 0.21
Australia 3 23 8 35 13 38 0.19
Suiza 4 34 10 29 12 40 0.18
Bélgica 3 29 10 34 10 30 0.15
Argentina 3 33 6 18 9 50 0.15
Brasil 3 29 12 41 10 25 0.15
Costa de Marfil 3 34 8 24 9 38 0.14
Italia 2 24 8 33 8 25 0.12
Ghana 3 40 9 22 8 33 0.12
Inglaterra 2 30 11 37 7 18 0.10
Portugal 2 34 11 32 6 18 0.09
Honduras 1 21 6 29 5 17 0.07
México 1 22 6 27 5 17 0.07
Japón 1 25 6 24 4 17 0.06
España 1 26 10 38 4 10 0.06
Rusia 1 30 8 27 3 12 0.05
Nigeria 1 30 13 43 3 8 0.05
Bosnia-Herzegovina 1 36 13 36 3 8 0.04
Grecia 0 20 6 30 0 0
Irán 0 17 4 24 0 0
Camerún 0 30 3 10 0 0

Que encabece Argelia es intrigante pero no del todo descabellado. Al fin y al cabo estamos intentando medir efectividad y en sus dos partidos Argelia logró un 83% de tiros al arco convertidos en gol. De resto la tabla parece reiterar las sospechas que tenemos sobre la efectividad de holandeses y alemanes. Chile es obviamente otra sorpresa pero tampoco tanto. Hasta el segundo partido llevaba solo victorias. Recuerden que no estamos considerando en esta tabla su derrota ante Holanda. Muy seguramente al final de la ronda de grupos los equipos cambiarán bastante de posición. Me intriga dónde terminará Argentina después de los dos goles de Messi.

Prometo revisión de esta tabla en pocos días.

Esto se puso serio

A veces pienso, y no sé si es por prudencia, realismo, catastrofismo o simple estupidez, que esto ya es más que suficiente. Tres partidos ganados en serie en un mundial. Nueve goles a favor. Apenas dos en contra. Faryd Mondragón de cuarenta y tres años (el vínculo motivador entre esta dimensión y la otra, la que nos llenó de ilusiones que no pudieron concretar) entrando a la cancha a los ochenta y tantos minutos del partido contra Japón, la tribuna en pie, gol de Rodríguez (cuarto del partido; tercero de su mundial) en el minuto noventa y su sonrisa iluminada, tan joven, parado en la esquina de la cancha, rodeado por sus amigos, recibiendo con los brazos abiertos el júbilo del público que todavía no digiere que el señor Pékerman haya armado con este país de supuestos conformistas resignados a un equipo tan bien empecinado en atacar no importa el marcador.

Y se supone, eso se supone, que jugamos sin nuestro mejor hombre.

Mi prudencia, que es una señora de noventa años que nunca sale de su casa y le tiene un miedo terrible a cualquier tipo de fluctuación extraordinaria en su rutina estática, piensa que tal vez perdamos con Uruguay y que incluso convenga. Puede pasar. Tal vez Suárez nos revienta la defensa a diente y pata. O terminamos en uno de esos empates tristes donde el complejo de inferioridad, más que el oponente, nos derrota. Se acabó la fase de los experimentos, pasamos (permítanme, por favor, este insolente plural en el que me incluyo) con honores, y ahora todo costará más. La presión de esos partidos de todo o nada debe ser horrible.

Pero Colombia tiene con qué. Por qué resignarse. Por qué parar y contener el entusiasmo cuando estos muchachos de amarillo parecen estar tan llenos de más. Mejor me permito ignorar mi prudencia, y temo, y dudo, y contemplo por primera vez ponerme la camiseta de un equipo de fútbol y aguantar lo que venga, respaldando desde mi distancia su determinación y su compromiso, con un pie acá y el corazón, expuesto, allá.

El sábado vamos a ganar.

James Rodríguez

Artilleros

Los quince mayores tiradores de las primeras dos rondas de la fase de grupos (32 partidos y 519 jugadores; 315 han intentado tiros) ordenados por número de disparos. O por qué Holanda da tanto miedo:

Nombre País Goles Tiros Tiros al arco % Tiros al arco
sobre total tiros
Karim Benzema Francia 3 15 8 53
Cristiano Ronaldo Portugal 0 14 3 21
Lionel Messi Argentina 2 10 2 20
Edin Dzeko Bosnia-Herzegovina 0 9 4 44
Xherdan Shaqiri Suiza 0 9 2 22
Robin van Persie Holanda 3 8 6 75
Daniel Sturridge Inglaterra 1 8 5 62
James Rodríguez Colombia 2 8 4 50
Ogenyi Onazi Nigeria 0 8 3 38
Asamoah Gyan Ghana 1 8 2 25
Arjen Robben Holanda 3 7 6 86
Neymar Brasil 2 7 4 57
Nani Portugal 1 7 4 57
Clint Dempsey EEUU 2 7 4 57
Tim Cahill Australia 2 7 3 43

Robben_van_Persie

Porcentaje de pases acertados por equipo (Segunda ronda)

Pareciera que el fútbol no se deja medir. La primera ronda de la fase de grupos, por ejemplo, me había dejado convencido de que los partidos donde el porcentaje de pases acertados (llamemos a eso “POPA” para abreviar) del vencido era mayor que el del vencedor eran una rareza de dependía de estilos de juego idiosincráticos como el de España: equipos que controlan la pelota muy bien pero no logran armar ofensivas efectivas. En la segunda ronda, sin embargo, la mayoría de partidos terminaron de esa forma:

pases.relativos.segunda.ronda

Como si lo hicieran intencionalmente para contradecirme, los únicos partidos donde se cumplió la regla empírica (ahora a todas luces descabellada) que había propuesto fueron Croacia-Camerún, Ecuador-Honduras, esa horripilancia de partido Argentina-Irán y (escasamente) Bélgica-Rusia. Cuatro de dieciséis partidos.

Curiosidades:

  • Partido más intenso/fluído (de acuerdo al promedio de POPAs): Estados Unidos – Portugal.
  • Partido más pausado/contenido: Uruguay – Inglaterra.
  • Partido más parejo (de acuerdo a diferencia de POPAs): Bélgica – Rusia.
  • Partido más disparejo: Argentina – Irán (aquí más peculiaridades cuantitativas de este encuentro).
  • Con respecto a la primera ronda, la segunda fue ligeramente menos intensa en general: mientras que en la primera ronda el promedio de promedios de POPA por partido fue 83,22, en esta segunda ronda fue de 80,29.
  • Con respecto a la primera ronda, esta segunda ronda fue más desigual: mientras que en la primera el promedio de (valores absolutos) de las diferencias de POPA fue 6,57 en esta segunda ronda alcanzó los 8,71.

Aquí la tabla con todos los números:

E1 G POPA E2 G POPA DIF PRM
1 Mexico 0 79.60 Brazil 0 83.85 -4.26 81.73
2 Netherlands 3 79.43 Australia 2 80.19 -0.76 79.81
3 Chile 2 73.06 Spain 0 82.98 -9.92 78.02
4 Croatia 4 85.64 Cameroon 0 81.00 4.64 83.32
5 Colombia 2 79.18 Ivory Coast 1 84.57 -5.39 81.88
6 Uruguay 2 62.85 England 1 82.53 -19.68 72.69
7 Greece 0 65.92 Japan 0 89.57 -23.65 77.75
8 Costa Rica 1 76.55 Italy 0 89.24 -12.69 82.89
9 France 5 81.09 Switzerland 2 84.43 -3.34 82.76
10 Ecuador 2 75.83 Honduras 1 72.63 3.21 74.23
11 Argentina 1 90.23 Iran 0 63.97 26.26 77.10
12 Germany 2 86.48 Ghana 2 77.90 8.58 82.19
13 Nigeria 1 80.43 Bosnia-Herzegovina 0 85.43 -5.00 82.93
14 Belgium 1 80.27 Russia 0 79.94 0.32 80.11
15 Algeria 4 79.56 South Korea 2 80.77 -1.21 80.17
16 USA 2 86.25 Portugal 2 88.08 -1.83 87.17

Sigo intrigado por la “sustancia futbolística” (por así decirlo) de este indicador. ¿Qué mide? ¿Qué determina? ¿Es meramente estético? ¿Por qué pareciera que desprecio o subvaloro la belleza en la pregunta anterior? ¿Qué es la belleza en el fútbol? ¿Qué es la belleza en el universo? ¿Dónde está? ¿Cuánto importa la belleza? Algunas pruebas preliminares parecen sugerir que hay una correlación positiva entre POPA y número de (digamos) tiros al arco. Pero dado lo visto mejor me espero hasta acumular dieciséis partidos más antes de soltar una conclusión de ese estilo.

Durante esta semana, dependiendo del tiempo que tenga, intentaré comparar la capacidad ofensiva y defensiva de los diferentes equipos en lo que va del campeonato aprovechando que ahora tengo más información.

Argentina – Irán: una singularidad desnuda

El partido Argentina contra Irán que Argentina ganó agónicamente con un gol de Messi en el minuto noventa y uno fue una singularidad de muchas formas a la vez.

La primera y más obvia la señala Cathal Kelly en su crónica sobre el partido para The Globe and Mail: el mejor jugador del equipo iraní (Reza) juega para un equipo de segunda división inglés (Charlton Athletic) mientras que el equipo argentino cuenta con jugadores en Barça, Real Madrid y Manchester City, entre otros. Valor de los pases de los jugadores de Argentina: 600 millones de dólares. Valor de los pases de los jugadores de Irán: 35 millones escasos.

Una cuantitativa menos evidente: el porcentaje de efectividad de pase de Irán fue 64%, el segundo peor para un equipo en lo que va del campeonato (Funfact: el peor fue el del equipo de Uruguay que venció a Inglaterra: 62%.) El de Argentina, 90%. Esto lo hace, de lejos, el partido más desequilibrado en cuanto a dominio del balón, con una diferencia de 26 puntos (para comparar, recuerden que en primera ronda lo más desequilibrado, y ya parecía casi cruel, era Bélgica contra Argelia, con apenas 16 puntos de diferencia.)

Peor aún: Argentina hizo 21 tiros al arco iraní y 41 centros. Por lo pronto, no hay ningún equipo en el torneo que lo supere en número de centros en un partido y apenas hay uno que ha tenido más tiros al arco: 22 de Francia en el partido contra Suiza. Si usamos tiros al arco más centros como un indicador de oportunidades de gol, este Argentina que jugó contra Irán no tiene igual ni similar.

Y sin embargo con toda esa ventaja sólo hizo un gol. Un gol(azo) triste que a mí me sigue sabiendo a empate si no a derrota. Aunque supongo que siempre se puede decir que lo único que importa son los goles e ignorar el resto, como hacen los modelos predictivos que están tan de moda y tanto se equivocan.

En Teherán seguro celebraron.

Reza

Blanco de indignación

Si quieren entender qué se siente ser el blanco de la indignación nacionalista que se alborota durante los mundiales lean esta nota del periodista deportivo canadiense Cathal Kelly (me encanta todo lo que escribe) sobre un comentario desafortunado que mencionaba canibalismo y Uruguay en la misma frase durante el mundial pasado.

Al respecto de los mensajes que recibió:

The tone was now a little worrying. Like, let’s-just-check-into-the-idea-of-buying-a-pitbull sort of worrying.

One I remember particularly: “I will find you, crack open your head and eat your brains.” Which I thought rather proved my point, but probably best not to mention it.

One correspondent kindly offered to show my wife what a real man can do.

“Is he going to come over and clean the eavestroughs?” she asked hopefully.

O sea:

El tono era un poco preocupante. Preocupante al nivel contemplemos-la-idea-de-comprar-un-pitbull.

Recuerdo uno en particular: “Te voy a encontrar, abrir tu cabeza a golpes y comerme tu cerebro.” Que pensé que demostraba mi punto, pero de pronto es mejor no mencionarlo.

Un corresponsal se ofreció cortesmente a demostrarle a mi mujer lo que un hombre de verdad puede hacer.

“¿Va a venir a limpiar los desagües?”, preguntó ella esperanzada.

Y aquí Kelly hablando bellezas de James Rodríguez. Los colombianos no somos los únicos entusiasmados con el fútbol de ese muchacho.

Nuestro dragón

Colombia le ganó un partido difícil a un equipo que bien podría habernos destrozado: unos señores gigantes que corrían como el viento. Atacó y defendió. No se dejó. Hizo lo que se supone que corresponde hacer y así se impuso, incluso con el aura de Drogba en la cancha impulsando a Costa de Marfil como una ola gigante. Diría más pero no quiero que el entusiasmo me nuble el juicio. Ya vendrá nuestro editor a hacer el comentario técnico de rigor.

Tener a Faryd Mondragón en esa banca es como tenernos ahí también. Esta sonrisa somos nosotros:

Faryd

Hay veinte años de distancia ahí.

Los pases con la edad

Hoy inauguramos nuestra sección Preguntas de los lectores con una hipótesis propuesta por el señor Óscar Rodríguez desde el bellísimo departamento de Córdoba, en la costa caribe de Colombia. En su carta, el señor Rodríguez pregunta si hay relación entre la edad y la precisión del pase. La hipótesis de nuestro corresponsal es que entre mayor edad mayor precisión. De esta pregunta deduzco que probablemente el señor Rodríguez es un cuarentón preocupado, como todo adulto maduro, por su desempeño, entendido en ese sentido cosmogónico que la vida adquiere más o menos a esa edad. Lo invito a aceptar con dignidad su senectud inminente. Como sea, a continuación a modo de respuesta una gráfica de edad contra porcentaje de pases acertados de cada jugador. Dada las diferencias en función en el juego, hago un plano por cada posición:

pases.acertados.edad

Dos observaciones: (1) Parecería que no: al menos si nos restringimos a los dieciséis partidos de la primera ronda de la fase de grupos, no parecería haber mayor calidad de pase entre jugadores más experimentados que entre los jovenes. Si acaso, (2) los delanteros más jóvenes parecen más capaces en el pase que los veteranos. (En Twitter dije erróneamente que el gráfico sugería que con la edad los delanteros perdían calidad de pase pero probablemente la hipótesis más justa (como varios corrieron a corregir) es que la diferencia es generacional, de escuela.)

Una pregunta relacionada es si los jugadores más experimentados, dados sus años en el fútbol y la supuesta humildad que viene con el tiempo, estarían más dispuestos a pasar (mal o bien) que los más jóvenes. Revisemos la gráfica comparando edad y número total de pases:

pases.totales.edad

De nuevo la respuesta parece ser no. La edad no nos hace mejores ni más amables.

Un saludo al señor Rodríguez y fuerza en esa nueva etapa de su vida.

Recuerden que nos pueden hacer preguntas en Twitter o por carta. Preferimos las cartas.

Porcentaje de pases acertados por equipo (Primera ronda)

Ahora que ha terminado la primera ronda de la fase de grupos, con dieciséis partidos jugados (apenas dos empates) y cuarenta y seis goles anotados (cuatrocientos cuarenta y tres jugadores han participado en los juegos), vale la pena hacer una valoración general de los equipos y partidos de acuerdo al porcentaje de pases acertados por equipo, tal y como ya hicimos con los primeros ocho partidos en esta entrada.

pases.relativos.primera.ronda

Los partidos más parejos en este sentido fueron Colombia-Grecia (diferencia de 0,5 puntos a favor de Colombia) y Alemania-Portugal (diferencia de 1,05 a favor de Alemania). Los más disparejos fueron Bélgica-Argelia (diferencia de 16,39 puntos a favor de Bélgica) y Francia-Honduras (diferencia de 12,71 a favor de Francia).

Mención especial merecen los dos empates: en Irán-Nigeria la ventaja a favor de Nigeria era inmensa (¡12,18 puntos!) pero fue totalmente desaprovechada por falta de definición. En Rusia-Corea del Sur, en cambio, la competencia fue pareja (con apenas 1,61 a favor de los coreanos, que en la opinión de este comentarista resentido y desinformado merecían ganar).

Si aceptamos, como propuse en la entrada anterior, que el promedio de porcentajes de pases acertados es una medida razonable de “intensidad” del juego, por lo pronto los mejores dos juegos han sido Italia-Inglaterra (92 puntos) y Alemania-Portugal (87,99 puntos), y los dos más aburridos serían Iran-Nigeria (77,8 puntos) y Estados Unidos-Ghana (77,86 puntos). Pero a mí me divirtió Estados Unidos-Ghana así que no sé.

Estados Unidos-Ghana también es de destacar porque hace parte de ese grupo de partidos extraños en los que el derrotado tiene mayor control de la pelota, igual que Holanda-España. En este caso, Ghana aventajaba a Estados Unidos por 10,07 puntos, una diferencia muy alta, pero fueron derrotados 2-1. Tuvieron mala suerte: durante el partido sumaron 21 tiros al arco y 38 centros. En total, 59 oportunidades de gol desperdiciadas. Ningún otro equipo ha tenido tantas en un partido en lo que va del torneo (30,8 en promedio).

Aquí está la tabla completa con estos cálculos para la primera ronda:

E1 G %PA E2 G %PA DIF PRM
1 Brazil 3 85.37 Croatia 1 78.29 7.07 81.83
2 Mexico 1 85.34 Cameroon 0 81.82 3.52 83.58
3 Netherlands 5 81.42 Spain 1 87.38 -5.96 84.40
4 Chile 3 86.42 Australia 1 79.44 6.98 82.93
5 Colombia 3 82.89 Greece 0 82.38 0.51 82.63
6 Costa Rica 3 79.03 Uruguay 1 77.96 1.07 78.49
7 Italy 2 93.19 England 1 90.81 2.38 92.00
8 Ivory Coast 2 88.58 Japan 1 78.87 9.71 83.73
9 Switzerland 2 87.70 Ecuador 1 79.02 8.68 83.36
10 France 3 90.66 Honduras 0 77.95 12.71 84.30
11 Argentina 2 90.21 Bosnia-Herzegovina 1 84.95 5.26 87.58
12 Germany 4 88.52 Portugal 0 87.47 1.05 87.99
13 Iran 0 71.71 Nigeria 0 83.88 -12.18 77.80
14 USA 2 72.83 Ghana 1 82.89 -10.07 77.86
15 Belgium 2 88.49 Algeria 1 72.10 16.39 80.29
16 Russia 1 82.09 South Korea 1 83.70 -1.61 82.90

En una próxima entrada intentaremos comparar el porcentaje de pases acertados con otros indicadores de ataque y defensa para entender más a detalle su significado práctico en el juego.

Prudencia

La euforia trágica de los noventa y las derrotas desde el noventa y ocho nos afiliaron a la iglesia de la cautela supersticiosa. Vemos el triunfo, lo vemos, es real, lo vivimos de esa forma extraña como el fútbol se vive, tres goles a cero, y preferimos callar. Cualquier augurio de victoria es recibido con prevención, con miedo, como si llevara amenaza: cuidado, es una trampa. Cuando Pékerman dice que no hemos ganado nada representa como pocos al país confundido y culpable que todavía no sabe si puede volver a confiar en su entusiasmo (o controlarlo). La incredulidad es más segura.

Andres Escobar

Irracional

El fútbol es irracional. Los jugadores persiguen al árbitro y reclaman aunque saben, lo tienen que saber, que la única posible consecuencia es una tarjeta adicional o una expulsión. ¿Cuántas reconsideraciones por reclamo airado de jugadores sudorosos habrá en la historia del fútbol profesional de alto nivel? Los espectadores desalojan las regiones más concurridas de su lóbulo frontal y odian con rabia desaforada (desean la muerte o al menos la castración o la pérdida de piernas o hijos) a quien jamás han conocido ni conocerán porque impidió con esa terquedad característica de su gremio (o porque le correspondía si es un defensa providencial) que ese otro desconocido que los hace felices lograra hacerlos todavía más felices por un momento efímero, sin consecuencia alguna a futuro para sus vidas ni las de sus conocidos cercanos. Las reglas sostienen el juego porque lo limitan y también porque son el tirano indolente que alimenta la red de pasiones que lo envuelve. Sin reglas el fútbol existe en la calle, en canchas improvisadas, en parques, en la ausencia de cualquier figura de autoridad, pero qué sería del juego sin la posibilidad de hundirse en el desafuero que confunde el drama de la pelota con la trascendencia de la vida.

Pases

Simplifiquemos (olvidemos el amor del gol, los colores, la pasión, el sudor, la tensión y hasta el espacio físico) y pensemos en el fútbol como un juego de pases. Los pases son dominio y los pases exitosos son la preservación del dominio. En la ingenuidad de esta perspectiva el control es una condición necesaria para el triunfo (o al menos para evitar la derrota).

Para empezar, tomemos cada uno de los equipos que han jugado hasta ahora y calculemos el número de pases totales y, entre ellos, el número de pases acertados:

pases.absolutos

Generalmente, el equipo que gana el partido hace más pases que el derrotado. En algunos partidos, sin embargo, no fue así: en Holanda – España, Colombia – Grecia y Costa Rica – Uruguay el vencido supera al vencedor en pases visiblemente. La magnitud en el número de pases habla tal vez de estilo de juego más que de control. Tal vez un mejor indicador de control es el porcentaje de pases acertados sobre los pases totales. Intentemos ahora eso:

pases.relativos

Ahora la regularidad es más clara: exceptuando Holanda – España, en el resto de partidos el vencedor ha sido el equipo con mayor porcentaje de pases acertados. En el caso de Holanda – España pensé inicialmente que sería una peculiaridad holandesa al respecto de su estilo de juego, pero Pablo Bueno en Twitter me explicó que esta es más bien una rareza española: el equipo se especializa en controlar pero tiene dificultades definiendo. Pierda o gane, siempre controla.

Otra observación: si la diferencia en porcentaje de pases acertados se lee como un indicador de ventaja, los partidos más parejos hasta ahora serían Colombia – Grecia (diferencia de apenas 0,5 puntos) y Costa Rica – Uruguay (diferencia de 1,06 puntos). Y el más desigual es Costa de Marfil – Japón, con una diferencia de casi 10 puntos (9,7). Sólo por curiosidad, España, aunque brutalmente derrotada, le saca a Holanda casi 6 puntos (5,96).

Y otra más: después del partido de Inglaterra – Italia, que no vi, leí a varios comentaristas decir que había sido el más intenso y emocionante hasta ahora. Si es así, estos porcentajes de pases acertados parecen un buen indicador de intensidad: si ambas barras son largas, el partido es más intenso. Podríamos usar el promedio de los porcentajes de ambos equipos como un indicador de intensidad. En ese caso, mientras que la mayoría de los partidos están entre los 78 y los 84 puntos, el partido de Italia – Inglaterra alcanza los 92. El más “aburrido”, en ese caso, habría sido Costa Rica – Uruguay, con apenas 78,49 puntos. Supongo que los costarricenses no estarán de acuerdo.

Para terminar adentrémonos en el nivel individual: en lugar de considerar el porcentaje grupal de pases acertados calculémoslo jugador a jugador y grafiquemos la distribución de estos valores para cada equipo:

pases.distribucion

La línea roja es el promedio de porcentajes de pases acertados para todos los 222 jugadores que han participado en el torneo hasta este momento. Las barras describen, por así decirlo, la dispersión técnica de los jugadores medida por su efectividad al completar pases. Mientras que los ingleses son parejamente eficientes (parejamente profesionales), los croatas y los camerunenses tienen jugadores en todo el espectro de aptitud técnica (son equipos desiguales). De nuevo, es evidente la excepcionalidad del partido Italia – Inglaterra así como la ventaja bestial de Costa de Marfil sobre Japón.

Durante la segunda fase de esta primera ronda podremos apreciar qué tan persistentes son estos patrones para cada equipo. Y de paso exploraremos la relación de estos indicadores de pases con otros más específicos del ataque y la defensa.

(Aunque ya lo he dicho antes, no sobra reiterar que los cálculos que hacemos están basados en los datos disponibles en WhoScored.com.)

Sube y baja

Aparte particularmente escalofriante de una entrada en el blog mundialista de Daniel Alarcón sobre este fin de semana vertiginoso que se inicia en Colombia:

I only bring up the presidential election on a soccer blog because of how starkly different the moods of this weekend promise to be. On Saturday, Colombia will dress up in yellow and pretend to be united behind its national team. The country will stop en masse to watch, to cheer, to support and suffer along with its players. And the following day, these same people will, in all likelihood, go to the polls and vote to continue tearing each other to pieces, as they have for five decades.

Y una posible traducción:

Sólo menciono la elección presidencial en un blog de fútbol por el contraste rotundo de ánimos que este fin de semana promete. El sábado, Colombia vestirá de amarillo y fingirá unidad en respaldo de su equipo. El país se detendrá masivamente para mirar, animar, apoyar y sufrir con sus jugadores. Y al día siguiente, estas mismas personas, con alta probabilidad, irán a las urnas y votarán para continuar destrozándose unos a otros, como lo llevan haciendo por cinco décadas.

El texto dice “pretend” y yo traduzco “fingirá”, pero tal vez ambos sentimientos, por más opuestos, son igualmente sinceros.

(Me avisa Daniel que aquí hay una versíon completa en español.)

Léanlo todo, vale la pena.