Cábalas

No sé si es algo tan común en otros países, pero en Argentina la cosa con las cábalas es universal.

La gente repite el orden en que se sentaron para ver el partido si Argentina gana y lo cambia si pierde. La ropa, lo que se come, lo que se bebe, si las cortinas están cerradas, entornadas, todo puede convertirse en una cábala. La función de la cábala es permitir la sensación de que hay algo que podemos hacer para contribuir con el resultado deseado. Existe gente que desconoce o desprecia esta noble función de la cábala y elige cosas como que bostece el gato, o que llueva (hoy llovió en Buenos Aires y Argentina pasó a semifinales), con lo cual se instalan voluntariamente en ese universo caótico e insensato del que desesperadamente buscamos escapar los seres humanos desde nuestros principios como especie. Mi estrategia al respecto es más idiota todavía. En lugar de la valentía de despreciar las cábalas como intentos pueriles de contrarrestrar nuestra esencial falta de control sobre lo que sucede en el universo, rehuyo cualquier patrón repetitivo de comportamiento que pueda llegar a ser considerado una cábala. Al punto que siento que si estoy sentándome siempre en el mismo lugar, o con la misma gente, o comiendo lo mismo durante los partidos (es un decir, soy incapaz de comer durante los partidos), eso podría perjudicar seriamente las chances de Argentina de ganar el partido.