Ni con palo ni con rejo

Y sí, bueno, la ilusión rencorosa era que Alemania derrotara a Brasil pero nadie esperaba que les hundieran siete goles. Creo que Dios se excedió.

El primer gol se sintió reivindicativo. Cuando llegó el segundo pensé “karma”. El tercero lo atribuí a la confusión producida por los dos primeros: el asalto los descompensó. A partir de ahí dejé de entender. Cuando llegaron al sexto ya nadie celebraba. La impotencia defensiva de Brasil aterraba. Los goles eran culposos, casi accidentales, de quien sabe que humilla y no quiere realmente hacerlo pero no puede no hacerlo porque esto es el fútbol y anotar es una exigencia primaria. Alguien me hizo caer en cuenta de que algún director de producción pudoroso decidió descontinuar de la transmisión las caras ocasionales de brasileños descompuestos entre el público, con la pintura verde y amarilla corrida por las lágrimas. Tal vez el dolor cuando se alcanzan los cinco goles se vuelve demasiado íntimo para exponerlo así. Hasta el registro de dramatismo televisivo en vivo tiene límite, igual que el espacio para los nombres de los que anotaron gol debajo del marcador de la transmisión: sólo cabían cuatro.

Después vino el cierre y las tomas de los jugadores acongojados. Probablemente ellos entendían casi tan poco como los espectadores. De nuevo pensé “karma”: Brasil había jugado a no jugar ni dejar jugar contra Colombia respaldados por ese arbitraje licencioso que convirtió el partido en una larga falta con fractura vertebral al cierre. Fue un juego odioso, de un patán mimado y sin dignidad. Ni siquiera era fútbol efectivo. Era solo triste. Cuando ese juego terminó el desvergonzado de David Luiz se acercó a Rodríguez y pidió al público aplausos para el joven mediocampista (que todavía sigue siendo el goleador del mundial). Algunos vieron grandeza en el gesto; yo sólo vi cinismo (o tal vez culpa mal disimulada): David Luiz, al fin y al cabo, fue copartícipe del matoneo deshonroso que Rodríguez recibió durante todo el partido (excusado como marca). Si su respeto por Rodríguez fuera sincero lo primero que debió hacer fue pedirle disculpas a nombre de la desgracia de equipo al que pertenecía. No pasó. Ni de cerca. Por eso cuando lo vi hoy llorando y pidiéndole perdón a los brasileños por la humillación que habían permitido no me dio ni un poquito de pesar. Bien merecido.

Habría dado gusto ver jugar a Colombia (o a Chile) contra los alemanes, un equipo serio que sí quería jugar.

David Luiz llora