Euforia Colectiva

Tal vez lo que más dice de la semifinal de hoy es que tras el gol brasileño que dejaba las cosas 7-1, Boateng, el último hombre alemán se da la vuelta protestando, exigiendo más atención, más presión. De ese tamaño estuvieron las cosas. El consenso es que este Brasil era menos fútbol y más un sobreviviente corazón. Lo pareció en los primeros minutos, con el impulso del himno logro empujar a Alemania a su campo. Alemania aguantaba cómodo, a decir verdad, con Schweinsteiger haciendo de Makelele en ese 4-1-4-1 que a los suramericanos tanto nos ofende pero que resulta bien pragmático a la hora de plantarse en el juego. Ya luego Brasil empezó a mostrar las fallas, era cuestión de tiempo. Primero Marcelo pierde el balón en campo contrario y tras una frenética carrera hacia atrás logra negociar el tiro de esquina. Luego Luiz, hiperactivo pero muy desamparado sin Silva, pierde de vista a Mueller por medio segundo y con eso bastó para el primer gol. La estadística no recomienda esto de empezar perdiendo. Diez minutos después Alemania atacó tres veces y marcó tres goles. Y, pues, ni modo.

Le preguntaron a Scolari que por qué no hizo algo, cualquier cosa, para detener el desmadre. Y el man, incrédulo, como si la explicación estuviera demás dijo que lo pensó pero que en realidad no hubo tiempo. Íbamos 0-1 y luego entramos en shock, y así. A veces le pide uno demasiado a los técnicos. Alemania ha vuelto a la formación que usó en Surafrica, los experimentos de la fase inicial se presumen atrás. No será invencible, pero lo parece. También parecen saberlo.

Muy emocional todo este asunto hoy. Sigo creyendo que Colombia debió jugar esta semifinal y cada vez me sirven menos las razones que me dan para que no haya sido así. Que el árbitro, que el gol anulado, que la rudeza brasileña, y esa madre de todas las explicaciones: es que no nos dejaron jugar. Qué diablos quiere decir que este Brasil de mentiritas nos haya eliminado. Qué lección hay acá. Dice Hornby que el estado natural del hincha es el de la amarga decepción, qué importa el resultado. Hoy al caer los goles alemanes qué amargo se me volvió todo. Te cambio toda esa justicia divina, el bailecito, el campeonato moral y el diagnóstico féliz por lo que viene y todas estas razones hechas y no hechas en nombre de nuestra social bacanería por esta determinación alemana. Y haber jugado hoy. Ganar no lo es todo: es lo único, dicen acá. Si tan solo.

Bah. Mejor paro ahí. ¿Será la rabia el último paso en el duelo o falta todavía más?