El antes y el después

José Pekerman

“Después de la guerra, todos somos generales”, escribió Albert Camus en sus interesantes notas sobre fútbol, refiriéndose claramente a que después de un partido es muy fácil contarle a los parceros cómo quedó el partido o a quién expulsaron o quién se lesionó o qué sistema de juego fue superior al otro. La gracia es ser general antes de la guerra o, más bien, acertar decidiendo cómo hacer para que Colombia gane mañana, sin todavía saber cómo va a salir a jugar Brasil, con qué formación, con qué jugadores, si van a salir a desgastarte por las bandas o te van a marear tocándote la pelota en el medio.

También está implícito en la cita de Camus que después de la guerra todos podemos ser generales porque podemos jugar a ser el que dirigió el batallón, pero antes solo Pékerman puede ser el general, porque si las decisiones de dirección de una escuadra fueran colectivas no serían eficaces o algo así. Camus fue un hombre profundo, ciertamente. Entonces, como todos sabemos que en lo que los argentinos llaman “la previa” muchos están jugando a adivinar y solo uno, el general, el profe Pékerman, es quien está tomando la decisión de cómo alinear a sus hombres, se deberían tratar de ajustar a los parámetros mentales de ese profe. El juego es tratar de escrutar la mente del general. “¿Qué está pasando por tu mente, profe?”, es La Pregunta de la previa. Pero nosotros, los hinchas colombianos, debemos abandonar la pretensión que se esconde en La Pregunta y debemos dejarles esa tarea a los argentinos, que así como Camus, son expertos en telepatía, psicoquinesis y precognición y son los que tienen la obligación de responder qué está pasando por la mente de los profes a estas alturas de la previa.

Ellos, además, tienen la obvia empatía ventajosa de tener la misma nacionalidad del profe Pékerman. De hecho, están en un programa hablando de eso en este mismo momento. La sugerencia mía (que no compromete la opinión oficial de mundopelota.com) es que esperemos hasta mañana pensando con el deseo, como nos corresponde a nosotros, los fanáticos, que no somos generales o precogs. Que esperemos nerviosos y triunfalistas o nerviosos y derrotistas, lo mismo da, y que dejemos la corrección, la objetividad y la compostura. Que no durmamos esta noche pensando en qué irá a pasar mañana, si iremos a ganar o a perder, y que nos comamos las uñas y nos desconcentremos del trabajo y descuidemos nuestros deberes y miremos para arriba repensando qué irá a pasar mañana contra Brasil, con ilusión o con miedo, mordiendo el lápiz a destrozarlo, que repasemos mentalmente cómo vamos a celebrar nuestro paso a semifinales, porque vamos a ganar.