Así que esto es perder

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1. Lo que no me gusta del perder es ganar un poco es que niega la derrota, y si la derrota no existe, si es presentada como una forma velada de victoria estética o moral, entonces de paso por ahí mismo se van los errores y defectos que tal vez valdría reconocer si se quiere avanzar hacia mejores resultados y, por qué no, grandes triunfos. La máxima que se convirtió a punta de fracasos de todo tipo en el lema de la selección colombiana de los noventa explicita una mediocridad cómoda: si ganamos así perdamos que para qué ganar.

2. Hace unos meses mi mamá me envió del pueblo una caja que contenía, entre otras cosas, tres camisetas de la selección compradas en algún puesto callejero del mercado. Cuando las recibí le reclamé el regalo porque soy malagradecido y no sé apreciar gestos. Le dije que para qué nos enviaba eso si sabía que nosotros no las íbamos a usar. Ella me apostó que cuando llegara el mundial las usaríamos. Le respondí que lo dudaba mucho.

3. Mi infancia entera fue una larga evasión activa de todo lo relacionado al fútbol. Nunca demostré mayor interés por mundiales o equipos. Nunca intenté llenar un álbum Panini. Los juegos, seré franco, me aburren. Todavía hoy. De viejo, sin embargo, aprendí a fingir para no desencajar. Los tolero como distracción de fondo. Me cuesta sostener la atención. Nunca había logrado desarrollar un vínculo sustancioso con lo que pasaba en la cancha. A veces me emocionaba brevemente con algún partido pero jamás (incluso en los estadios) había sentido esa conexión de los que realmente se sumergen, lloran, gritan y lo viven. A veces envidiaba eso.

4. Lo envidiaba porque en esa conexión había un compromiso: quienes viven el juego disfrutan las victorias pero también aceptan el riesgo de derrumbarse con la derrota. El compromiso requiere aceptar la posibilidad de un golpe duro en el orgullo: caer cuando el equipo cae, no sólo verlo caer.

5. Durante los noventa vi partidos. Una vez en San Andrés le pedí un autógrafo al Chicho Serna que atesoraba en mi billetera hasta hace poco como uno de mis chistes favoritos. Recuerdo el 5-0 y el caos subsiguiente. Recuerdo jugadores y tragedias. Eran héroes naturales: berracos, ambiciosos, enloquecidos por glorias falsas, malditos, perdidos en un campo verde imposible de franquear, de rodillas ante destinos (a veces) horriblemente crueles. Recuerdo goles. También recuerdo el fervor colectivo que aunque no compartía podía percibir, así como el sentimiento de desazón que aumentaba progresivamente con los partidos. Cada mundial era un trauma, a veces con muertos, y arriba de todo eso siempre estaba la frase reiterativa de que no importaba perder porque nuestro juego era fantástico. Éramos unos artistas incomprendidos que en un mundo ideal ganaríamos todos los partidos. Con interés por el fútbol o sin él, sospecho que todo aquel que vivió Colombia entre el 90 y el 99 desarrolló una cautela natural, un cinismo preventivo, ante cualquier aspiración a la grandeza futbolística. Eso no nos correspondía. Ese exceso de entusiasmo era bruto y vulgar, indigno de perdedores refinados, de casta, como nosotros.

6. Así que cuando este mundial empezó, con Colombia de regreso, desempolvé mi cautela y me dispuse a ver los partidos irónicamente, convencido de que el equipo naufragaría en sus inseguridades y finalmente, si acaso, lograría una victoria agónica sobre Japón cuando ya igual la eliminación era un hecho. Jugamos como nunca y perdimos como siempre, diría en broma en Twitter, y me desentendería de la vaina. Ese era el plan.

7. Entonces los vi jugar.

8. Y podría aquí extenderme e intentar explicar, pero yo no sé de fútbol, de verdad no sé, y lo único que alcanzaría a decir sonaría a sentimentalismo vacío mezclado con nostalgia de la tierra distante y cada vez menos mía. De pronto me entusiasmaron su juventud y alegría (la paternidad me ha vuelto sensible). También pudo ser la garra que le metían a cada partido, esa determinación de ganar en equipo inclaudicable. Era inspiradora. Me tocaba hondo. Eran los herederos de los titanes de hace veinte años: una generación nueva que tenía lo que quiera que a esos otros no habían logrado nunca concretar. Empecé, casi sin darme cuenta, a sentir cariño por esos muchachos. Los admiraba, agradecía lo que hacían por mí y me consideraba parte de ellos. Sin querer, sin desearlo, me comprometí. Su juego me hizo creer. La curtida cautela parecía de repente como un irrespeto a su dedicación y entrega.

9. Vi el partido contra Uruguay con la camiseta puesta. Apagué el computador y me concentré. Tenían toda mi atención. Cuando Rodríguez extendió los brazos para celebrar el gol me dieron ganas de saltar a través del televisor, abrazarlo y darle las gracias por toda esa grandeza feliz que nos regalaba. Ganar era ganar y perder era perder, pensé, y eso era ganar. Eso sí.

10. El de hoy también quería ganarlo. Eso es lo que quería. Quería ganar y celebrar con ellos. Ganarlos todos. Contar a detalle otro gran gol. Me senté en el sofá a verlos ganar y lagrimié con el himno nacional. Pensé: hoy vamos a hacer algo inmenso, nos corresponde, es nuestro turno.

11. El primer gol de Brasil me abrió un vacío en la panza. El gol anulado me dolió. Era el gol de Yepes, mi contemporáneo, el del primer y último mundial de su vida. Sufrí cada falta. Odié la prepotencia agresiva de los brasileños. Compartí la indignación ante las decisiones discutibles del árbitro. Celebré el penalti. Todavía había tiempo. Vi los últimos minutos del partido de pie ante el televisor, frustrado, confundido, angustiado, molesto, con ilusión fluctuante. Hasta el pitazo de cierre mantuve la confianza en que el marcador podía cambiar y podíamos ganar, en que íbamos a encontrar la sincronización perdida y remontar. No pudimos. El equipo no funcionó, hoy no. Los muchachos estaban nerviosos. Se dejaron intimidar. Eso pasa. La presión debe ser brutal. Quise abrazarlos de nuevo a todos al final.

12. Entré a este mundial con cinismo y salí muy afectado. No estoy realmente triste, creo que no, pero sí estoy conmovido. Soy un nerd de treinta y siete años, tuve un Naranjito colgante que llevaba al cuello en 1982, y de todos modos siento como si este fuera mi primer mundial. Me siento pequeño y maravillado. Este equipo de niños felices y extraordinarios motivados por el señor Pékerman me ayudó a entender lo que significa disfrutar el fútbol de verdad. Llegué al partido ante Brasil triunfalista y no puedo decir que ese triunfalismo se haya diluido o que esté desengañado. Esta selección me cautivó y pese a la derrota sigo creyendo en ellos, en lo que pueden lograr. El miedo que evidenciaron hoy me hace quererlos todavía más porque me recuerda que apenas arrancan y con la experiencia sólo crecerán.

13. Después del partido, para despejar la cabeza fuimos al parque a ver qué había en el festival de música que organizan en la ciudad cada año por esta época. En la tarima principal encontramos un conjunto vallenato. Todos los músicos llevaban la camiseta roja. Muchísimos colombianos también uniformados esperaban entre el público. Algunos llevaban banderas como capas. Llegamos en el momento justo en que empezaron a tocar. El presentador advirtió que tocarían desde la pena de la derrota fresca, pero esa música que tocaron no sonaba a desolación ni vergüenza sino al canto orgulloso del vencido que sabe que pronto volverá con más. Le daban duro a ese acordeón. Me entraron ganas de bailar. La verdad no me arrepiento un ápice de haberme ilusionado y haber creído que estos pelaos podían llegar hasta el final. Sigo creyéndolo. Este era el mejor equipo del mundial. En cuatro años no nos vamos a dejar.

Baile colombiano

29 comentarios en “Así que esto es perder

  1. Transmites exactamente lo que nos pasó a muchos mortales. Apáticos al fútbol y hoy amantes de nuestra selección.

  2. Tal cual querido. Me pasó lo mismo. Me llené de fútbol otra vez, me emocioné como hace mucho tiempo no me emocionaba un partido de fútbol, y disfruté mucho con la Selección. Me rompió el corazón el llanto de los jugadores, que denotaba un punto en la aventura. Pero no un punto final, todavía hay equipo para rato.

  3. A esto es lo que yo llamo el despertar del hincha que llevamos dentro por encima del fanático de portada, el de la fiebre mundialista, que trasciende más allá del marketing del televisor. Excelente reflexión.

  4. Muy bonita esta entrada. Como ya lo han dicho, resumes muy bien nuestros sentimientos ayer. Creo que a todos se nos aguaron los ojos con las lágrimas de James.
    Como dijiste ayer en un tuit, perdimos pero estamos contentos. Contentos del futuro. De que los muchachos, disciplinados y entregados, aprenderán a soportar las tensiones y ganarán experiencia. El optimismo sigue vivo. Estos muchachos ya no nos son desconocidos.

  5. Igual me pasó. A mi…. Que vivo. En el.extranjero… Toda mi emoción. Y alegría. Se la trasmiti. A mi hijo….. Gracias. Selección. Colombiana

  6. Totalmente identificado con su texto, es el claro ejemplo que muchos colombianos pasamos por los mismos sentimientos e ideas. Gracias

  7. Viví exactamente lo mismo en una esquina de Asia, a las 5 de la mañana. Cuando se acabó el partido regresé a mi casa a pie luego de una larga fiesta -no había otra manera de haber estado despierto-, con el sol en pleno y dispuesto a enfrentar un guayabo apocalíptico por culpa del trago consumido y la derrota. Curiosamente al levantarme no tenía dolor de cabeza. Y me reí varias veces e incluso repetí bajito lo que dije cuando James hizo el primer gol contra Uruguay: qué gol tan hijueputa, qué gol tan malparido. Ese recuerdo nos alumbrará por muchos días. Ese será nuestro talismán para sentirnos menos solos

  8. Yo no soy Colombiana y en mi país no hay cultura de futbol pero me siento afortunada de haber vivido este mundial en este país junto a ustedes, waooo que experiencia tan agradable y que pasión levantaron unos chicos que gracias a Dios volveremos a ver muy pronto, que unieron corazones, que despertaron otros y que hicieron que los que amaban y no amaban el fútblol tubieramos que ponernos de pie en algún momento de esos extraordinarios partidos, definitibamento con ellos se volvió a creer, ellos nos dieron licencia para soñar, extraordinario.

  9. Así es, nítido y visceral, nunca había logrado en mis 60 años una derrota hacerme derramar lagrimas , esta vez si. Me involucre con estos muchachos. Valió la pena, me hicieron vivir intensamente. Quede con deseos de mas de lo que ellos dan. Comparto esta reflexión, me apropio de ese sentir, es fiel a lo que también viví. Al leerla volví a llorar.

  10. Pero, que te quiten lo bailao, me encanta eso de enfrentar la derrota, perder no es ganar, pero encuentra solidaridades y tristezas compartidas, que eso, es una alegría más sosegada y más profunda que la del triunfo. Gracias por el buen tono de este artículo.

  11. “Perder es ganar un poco” no niega la derrota, lo que logra es mantenernos en el juego. Se le olvida que todo juego es el acto voluntario de dedicarse a una disciplina estricta y someterse a una presión absurda por voluntad propia por algo que es en últimas intrascendente.

    “Perder es ganar un poco” en tanto se identifican los errores y se aprende para la próxima ocasión.

    Maturana lo trae a cuenta de Confucio y de Shakespeare http://www.semana.com/nacion/articulo/no-quiero-volver-ser-tecnico-de-colombia-maturana/394668-3

  12. Mejor no se pudo explicar, pienso que todos los que,vimos a Colombia en los 90 nos acostumbramos a perder, pensamos que era normal y estabamos prevenidos, pero este equipo nos desperto de ese letargo y nos dio una nueva vision

  13. Me siento completamente identificada contigo, me haz hecho llorar , al reconocerme en tu escrito.

  14. Yo creí que era la única que pensaba y sentía esto. Muy buen artículo. Felicitaciones.

  15. Que lindo encontrar que alguien que ni siquiera conoces, que no sabes como se llama (llegué al articulo desprevenidamente y ahora tendre que darle atras para saber a quien le estoy respondiendo), pueda expresar exactamente lo que estoy sintiendo y ademas decirlo de una forma tannnnn bella. gracias Sr. Desconocido. Que lindo escribe!!!!

  16. Gracias, ese sentimiento tan bien expresado es fiel al de muchos Colombianos y por que no de extranjeros que hoy creemos, amamos y tenemos mucha esperanza con este puñado de muchachos que más allá de fanatismos y pasiones despertaron amor y admiración por un trabajo bien echo con disciplina y humildad de la mano de un técnico y líder espectacular.

  17. Me encantó, el escrito y el equipo en el mundial. Soy muy joven pero recuerdo vagamente lo que era la selección en los 90, así que logro entender esas palabras y sensaciones. Bonito escrito caramba!

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