Sonroja

Hace un rato en el centro vi una estampa que nos resume: un anciano indigente y alcoholizado cargando a la espalda una mochila llena a rebosar de banderines de España. Somos la roja, decía con cierto énfasis pero con la voz rota. Inmediatamente pensé que algún mayorista chino le había regalado al hombre una porción de banderas para que tratara de venderlas y se ganara la vida. Pero tan improbable es que el hombre venda esas banderas ahora como que un chino de Madrid le regale algo a alguien. Ahora todas esas marquesinas que muestran a Ramos victorioso en actitud de ataque son el fiasco de espónsores y publicistas y el bochorno de los aficionados. Peor no se pudo jugar.

La proclamación del nuevo rey ha coincidido con la derrota de España en el mundial y en cierto modo es bueno que así sea. No necesitamos esa clase de euforia. Nos han colado al nuevo Borbón sin preguntarnos, como era previsible, y la Gran Vía está llena de banderas de España de grandes dimensiones, lo que resulta muy grotesco para los españoles de varias generaciones. Me repugnan las banderas en general pero especialmente la del país en que nací. Mucha gente aquí no puede agitar la bandera nacional sin sentir que lo que está agitando en realidad es el fascismo de Franco.

Y por otra parte Maradona tienen razón: el bigotón se equivocó. No hubo ni equipo ni juego. En casa dicen que como el Barça acabó la selección acabó. Dejo ahí esa polémica.