Querido diario de fútbol o cosas muy malas

No sé qué escribir de fútbol porque no sé nada de fútbol. Los partidos me aburren tremendamente casi siempre. El guayabo moral de mi última borrachera (a la que llegué con la excusa de celebrar la clasificación a segunda ronda en este Mundial) todavía me pesa y duele. Tengo un chichón en la frente que vaya usted a saber cómo me hice porque mi memoria llega a la segunda botella de aguardiente. Hay un flasheo de un mojito posterior a eso pero mi acompañante también pagó sangría y cerveza.

Pero ese no es el caso: el caso es que no me gusta el fútbol hasta que vamos ganando y podemos decir vamos. Como ahora o como en el último año que reencontré mi gusto por Nacional. Solo por eso: porque vamos ganando. Le podemos decir a los otros, desde arribita, mirá ese es mi equipo.

Ya después pierden y me vuelve a aburrir: los partidos se me hacen infinitamente largos, los hombres sudan demasiado, para qué estudié periodismo si pagan más por inventar palabras mientras se narra una jugada,(para qué estudié periodismo si todos se creen periodistas), es mejor ver Grey’s Anatomy, si ganan no voy a poder dormir por la pólvora, yo qué putas hago viendo fútbol, verdad que yo una vez intenté jugar fútbol.

En Medellín se puso de moda el Juego de la Vida en Medellín y todos los colegios hicieron equipo de fútbol femenino. Fui a muchos partidos pero jugué en tres si mucho y no más de quince minutos en total. Me gritaron gorda siempre que entré a jugar. Era gorda —la más gorda—. Estorbaba. No corría. Me caía. Me aburría pero seguía yendo. Escribo esto y creo que entiendo porque así no me guste el futbol, me gusta: es una forma de encajar. Ahora puedo decir vamos y en el colegio tenía un poquito de esa adolescencia que quería mía.

Tengo un punto más a favor del fútbol: es una arma de coqueteo uno a, chicas. Por el lado que sea. Si a uno no le gusta, tiene el papel de dama en apuros que quiere saber de fútbol —oh, gran caballero, sálvame de mi ignorancia para que no me molesten más— y si a uno le gusta, tiene el papel de hincha. Una mujer como ninguna otra que además de estar buena o bonita o lo que sea que tenga, le gusta el fútbol, hábrase visto semejante milagro. Seguro sí se ha visto pero en la ligas del coqueteo todo se vale. Especialmente el fútbol.