Nuestro dragón

Colombia le ganó un partido difícil a un equipo que bien podría habernos destrozado: unos señores gigantes que corrían como el viento. Atacó y defendió. No se dejó. Hizo lo que se supone que corresponde hacer y así se impuso, incluso con el aura de Drogba en la cancha impulsando a Costa de Marfil como una ola gigante. Diría más pero no quiero que el entusiasmo me nuble el juicio. Ya vendrá nuestro editor a hacer el comentario técnico de rigor.

Tener a Faryd Mondragón en esa banca es como tenernos ahí también. Esta sonrisa somos nosotros:

Faryd

Hay veinte años de distancia ahí.