Gol en tres actos

1.

La Furia Roja, acostumbrada a ponerle músculo a la cosa, llena todo el tiempo de un favoritismo que rompía corazones una vez el asunto marcaba ilusión o los cuartos de final, lo que sea que llegara primero, se encontró eliminada en el mundial del 2006 por un gol en tiempo de descuento y la sensación de haberlo intentado todo y no saber qué hacer.

Buscando qué más había, Josep Guardiola vio en la selección mexicana un qué tal si de pronto:

Ricardo Lavolpe, argentino él y seleccionador mexicano, ha escogido que su defensa salga jugando. No que empiece jugando, que es otra cosa. Para Ricardo Lavolpe, empezar jugando es pasarse la pelota entre los defensas, sin mucha intención, para pasar la pelota algunas veces y lanzarla, la mayoría de las veces. Pero Lavolpe obliga a otra cosa. Obliga a salir jugando, que no es otra cosa que jugadores y pelota avancen juntos, al mismo tiempo. Si lo hace uno solo no hay premio, no vale. Han de hacerlo juntos. Como lo hacen los novios cuando salen juntos.

En el principio, entonces, fue una pirámide invertida y una idea: salir jugando. Como lo hacen los novios. Luis Aragonés, el seleccionador para el 2006, había dicho que se iba si nada iba, y aunque nada fue, al fin se quedó porque qué tal si de pronto.

2.

Para clasificar al mundial del 2006, España había tenido que jugar la repesca. Su juego no los convencía ni a ellos mismos. Los comentaristas se debatían entre confiarle el mediocampo a la rigidez defensiva o al talento creativo. El mismo Aragonés se preguntaba si era buena idea mantener en el equipo a su delantero histórico, ya en su ocaso, todavía más polarizador.

Los dos años que siguieron, sin embargo, aclararon las dudas. El Barcelona dirigido por Guardiola empezó a ganar con la idea catalana y, o fortuna, holandesa, del juego de posesión. Cruyff, el eterno, en su altar de obi wan futbolístico catalán, promovía la tenencia de la pelota como única vía al equilibrio. Tener la pelota, jugar en el campo contrario, presionar al rival en su propia área, perderla poco, recuperarla pronto. Y así todo se irá dando.

3.

A los rivales les tomó tiempo resolver el enigma. En el camino lo intentaron todo. Una simulación propia del juego de posesión, la defensa cínica, regalar las bandas, regalar el centro, la suerte y la cábala. Ha sido el Real Madrid de Mourinho el que ha dado con la formula, pragmática y sencilla. Esperar primero en esa zona extraña que los comentaristas llaman tres cuartos de cancha, las líneas juntas primero y luego en un instante separadas a toda velocidad, como un pequeño inflatón balompédico. Nada ofendió más al Barcelona de Guardiola que su defensa corriendo hacia atrás.

Ahora en este mundial, Holanda ha ganado a España con una versión de esa estrategia, ejecutada a la perfección. España tocó y tocó y tocó hasta quitarle los dibujos al balón. Pero hasta poco antes del final del primer tiempo apenas ganaba uno a cero. El empate, una respuesta posmoderna y un tanto cínica al aspaviento rococó del rival vino en tres toques que cubrieron toda la cancha hasta alcanzar a un Van Persie suspendido en el aire.