Dime por qué lloras y te lamentas en tu ánimo cuando oyes referir la suerte de los dánaos y de Troya.

Urdiéronla los dioses, que hilaron su perdición, para que los venideros tuvieran asuntos que cantar

La Ilíada

El hincha se define por su irracionalidad.

Pese a que sabe mucho sobre estrategias, acumula una incansable cantidad de datos de cotejos pasados, sabe las alineaciones perfectas e identifica exactamente cuál fue la falla de ese cabrón del técnico que en suma fue la causa de la debacle, sabe en lo más hondo de su ser que el juego depende en gran medida de la suerte y que una gran dosis de esta es necesaria para triunfar.

Por eso el enemigo supremo del hincha no es el árbitro, no es el mejor jugador del otro equipo ni el que más pata da, no, el enemigo supremo, el que hay que vencer a toda costa es “la sal”.

Nuestro corresponsal en Brasilia, desde el estadio Mané Garrincha, hincha redomado, hincha de muchas batallas (ganadas y perdidas) en una breve entrevista concedida esta mañana nos ha confiado algunos de sus secretos para espantar la sal:

1. No ir estrenando, ni siquiera un cordón. Es de comprobada pésima suerte.

2. Si alguien canta un gol antes de que pase la línea de gol, este no sucede.

3. Hay que odiar al árbitro siempre.

4. Es necesario usar la misma ropa del partido anterior que se ganó. Debe entenderse como un mandato radical: hay que usar las mismas medias, la misma ropa interior, sobre todo eso.

5. Si algún amigo dentro de su grupo está identificado como “la sal” no hay que dejarlo ni escuchar el partido. Ahora bien ¿cómo saber si alguien es la sal? eso se sabe y todos empiezan a decirlo (cuando el río suena piedras trae).

6. No se reza, pero se invoca a dios en situaciones complicadas con un ¡dios mío, por favor! seguido de lo que uno necesita (solo se piden cosas positivas).

Sobre todo cuando Drogba corra solo hacia el arco de Colombia, ahí hay que pedirle a dios que se abra un hueco en la cancha y desaparezca, algo así de positivo.

7. No desear lesiones, porque los que juegan, así sea en un potrero, siempre piden por la salud de todos.

Entonces: ¡dios mío, por favor, que en esta cancha ganemos hoy!

mané garrincha