De la mano de Joachim

Ya entrados en el tema, pensaría uno, uno que, digamos, ve el mundial sin verlo, que ya tendríamos un candidato serio a ganar este asunto, un equipo de los muchos que haya dado el golpe en la mesa o algo. Pero España se va, Inglaterra se va, Italia y Uruguay deciden quién se queda en el último partido, Alemania que aunque la verdad sea dicha seguramente pasará, tendrá que jugar su tercer partido como quien quiere la cosa, Argentina pasa dejando dudas con un Messi desaparecido, y Brasil va por ahí con la inercia del local. Son los sospechosos de siempre.

Lo de Alemania es de rascarse la cabeza y mirar al cielo. En el primer partido esencialmente eliminaron a Portugal con una de esas victorias que además de quitar los puntos quitan también las ganas de estar vivo. Pero en el segundo se vieron arrollados por un Ghana dispuesto a quedarse. También es de rascarse la cabeza, esta vez con mano en la barbilla, el ver lo que Low ha modificado en el equipo que ha funcionado en el pasado. Del viejo doble pivote Khedira y Schweinsteiger con Özil, Mueller y Podolski por delante, ha cambiado a un 4-3-3 dándole labores de mediocampo a Lahm, en otra época lateral derecho, con Khedira y Kroos de interiores. La idea, supongo yo, que no sé de estas cosas, es optar por más control de balón (posesión, pues) y menos, digamos, rodillo alemán en el medio y vértigo en el avance. Cuando Mourinho quiso aventurarse al toque toque los que no sabemos de estas cosas llegamos a pensar con desdén que tener a Özil y no apostarle al vértigo es de una terquedad de museo. Este último empate ha puesto el experimento en evidencia, el partido se jugó como Ghana quiso y a la velocidad que quiso, y eso ya es mucho cuento.

Solo nos queda La Naranja Mecánica, es lo que le quiero decir.