Autogoles

Roberto Bolaño trataba de explicar lo inexplicable:

Mi experiencia como jugador de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por mis compañeros de equipo. A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol salvo si uno se llama Pelé o Didí o Garrincha, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia. Aclaras ante tus compañeros y ante el público, que tu juego es otro.

Pero qué va. Eso solo le sirve a los poetas. El autogol es el mismo acto vulgar y descortés cometido contra uno mismo. Es perder los pantalones justo cuando habías perdido el miedo a hablarle al público al que imaginabas desnudo. Es caminar por toda la oficina con un terco pedazo de papel higiénico en los pies que se pegó desde que usaste el baño esta mañana. Es un te quiero pero cómo amigo seguido de un incrédulo ¿qué tal?. Es tratar de hacer esta lista de clichés y seguir fallando. Es un gesto de independencia solo si la opresora ha sido la felicidad.

Feo partido de Brasil que lleva lo que lleva jugando al fútbol decepcionando a todos los que esperan ese “jogo-bonito” de leyenda y que nadie sabe definir del todo pero que ocurrió hace mucho tiempo. Lo más seguro, antes de que hubieras nacido, justo después del ocaso de la naranja mecánica.