Así que esto es ganar

James Rodríguez ad infinitum

Y ahora qué se hace con esto. Ahora que sabemos lo que se siente ganar y se empiezan a acumular partidos en la etapa seria de este torneo al que esta vez entramos con timidez excepcional, cómo se supone que debemos procesar lo que está pasando.

De pronto ya llegamos al punto en el que necesitamos dejar de excusarnos en la suerte y pasar a reconocer que este equipo funciona genuinamente y se comporta a la altura de sus gigantescos jugadores. Es todo lo que pensábamos/soñábamos que eran los equipos fallidos de los noventa y más. Tienen el tipo de genialidades que reverenciábamos (Cuadrado, por ejemplo, es un estratega finísimo) pero también tiene una fuerza ofensiva salvaje, que nos pasma todavía como si fuera imposible de aceptar proviniendo de un muchacho nacido en Cúcuta y criado en Ibagué, y la disciplina que se suponía incompatible con nuestro estilo sabrosón y tropical.

El chiste de que somos favoritos para ganar (o al menos llegar lejos) empieza a transformarse en un augurio serio que asusta e intimida. El siguiente rival es un monstruo de verdad.

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Se habla por todos lados del gran primer gol de Rodríguez. Cuánta pericia. Cuánta visión. Ese giro brevísimo de la cabeza sobre el hombro para revisar el panorama y darse el lujo de planear lo que iba a hacer. El comentarista de CBC decía que había que admirarlo técnicamente pero también soñadamente. Cathal Kelly dice que tras revisarlo con minucia veinte o treinta veces está convencido de que es uno de los mejores goles de la historia del fútbol en general. Yo digo que le presten atención al segundo (y más humilde) gol.

Rodríguez (que tiene una habilidad innata para estar parado con casi tranquilidad en el sitio donde se le necesita) se lo dedica a Dios y a Cuadrado (otro dios), quien hizo la asistencia de cabeza perfecta, pero el gol en realidad se inicia varias jugadas atrás, con toques de ocho de los once jugadores del equipo.

A mí me empieza a emocionar cuando Cuadrado arranca a correr por la derecha, acaba de recibir la pelota y se la suelta a Gutierrez, que la acerca al área y la pasa por entre dos defensas uruguayos a Martínez. Cuadrado y Gutierrez siguen corriendo e ingresan al área mientras Martínez (esto pasa en dos segundos) patea el balón para que caiga en las piernas de Armero, que está a punto de entrar al área por la izquierda como si la colmena lo hubiera llamado telepáticamente.

Lo que sigue requiere sincronización sobrenatural: Gutierrez y Cuadrado están dentro del área al lado derecho, Armero está en la esquina izquierda del área a punto de entrar y Rodríguez está un par de pasos adentro bastante marcado, en el justo centro. Armero pausa, evalúa en milésimas de segundo sus opciones y decide hacer un centro sobre Rodríguez hacia algo que parece el vacío hasta que es llenado de un salto por Cuadrado (falta muy poco para que se acabe la cancha), que revienta la pelota con la frente a los pies de Rodríguez; la precisión es escalofriante. Rodríguez esencialmente camina hacia el lugar donde caerá como si ya la viera ahí. La ejecución final es suave, apenas a dos metros cortos de la línea de gol. El arquero uruguayo (al fin y al cabo sólo un ser humano) se pierde en la cadena de pases y espera el disparo desde el ángulo de Gutierrez, que está apenas unos pasos junto a Cuadrado, y aunque lo intenta no alcanza a reaccionar con efectividad al cierre de Rodríguez.

En una revisión del video vale la pena seguir con cuidado los movimientos de Cuadrado (especialmente Cuadrado) y Rodríguez desde que Gutiérrez empieza a correr. Saben lo que viene. Sólo así se puede explicar lo que hacen. Están preparando una configuración. El ingreso de Armero es coreografiado. La secuencia de pases es pulcra. La jugada se basa más que nada en sentido de grupo: todos están donde corresponde y todos saben dónde están (o podrían estar, si así es necesario) todos los demás. El primer gol de Rodríguez es una proeza física fruto de un talento natural muy bien administrado y educado. El segundo ilustra las mismas virtudes (la misma premeditación cuidada y milagrosa) a nivel colectivo. Portentos individuales abundan, pero conectarlos en una máquina que hace goles funcional y contundente es una tarea que muy pocos equipos nacionales logran concretar (a menos que repleten la planilla con jugadores de un mismo club — no es este el caso).

El primer gol es a Rodríguez lo que el segundo es a la selección en pleno. Esa combinación de talentos y coordinaciones es lo que tanto nos conmueve. Se suponía que nosotros no podíamos jugar así. Pékerman guió a estos muchachos y de paso reinventó nuestro fútbol. Ver este partido fue como despertar en una nueva realidad.

Segundo Gol Colombia - Uruguay

3 comentarios en “Así que esto es ganar

  1. Yo que no se nada de fútbol, habiendo visto el partido repetí las jugadas que describes y me vuelvo a emocionar. Muy bonito y emotivo este post.

  2. Ese gol confirma lo que vimos en los goles contra Japón, que fueron todos golazos de equipo, y en ese caso Rodríguez, fuera de su obra maestra final, en lugar de meter el gol hizo los pases. Me encanta como juegan hacia adelante, con pases que nunca van al hombre sino siempre adelante y un poco cruzados, como inventando juego.

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