Asamoah Gyan

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Ochenta y cuatro mil y algo personas fueron testigos de ese momento inolvidable la noche del 2 de julio en Johannesburgo. Una semana antes, en el minuto 93 de los octavos de final ante Estados Unidos, y sobreponiéndose a un empujón de Carlos Bocanegra, una carrera imposible de Asamoah Gyan, entonces jugador del Rennes, rompió el empate y llevó por primera vez en su historia a Ghana a cuartos de final. Seis días después, bien entrado el tiempo suplementario, Luis Suárez decide rechazar con ambas manos el violento cabezazo de Appiah y trae de golpe a la discusión futbolística todas las perlas que ha cultivado por siglos la filosofía moral occidental. La historia final es sabida, desde los doce pasos Gyan le da con más corazón que fineza, la pelota da de lleno en el travesaño, los jugadores se derrumban, Suárez celebra camino al camarín, el árbitro decide finalizar el encuentro y comenzar la tanda de penales donde Gyan esta vez anotará pero no será suficiente. 

Mientras miraba el partido del sábado entre Ghana y Alemania, no pude evitar volver a pensar en Asamoah Gyan. En el minuto 88, luego del 2-2 de Klose, y con los alemanes con ganas de pasar por encima, un contragolpe de Harrison deja a Gyan perfilado para su pierna predilecta desde fuera del área para batir a los europeos y a El Destino, pero le da algo mordido aun logrando inquietar a Neuer. El cliché nos inclina a decir que el fútbol es muchas veces injusto -aunque casi siempre más injusto de este lado del atlántico que del otro-, pero una parte muy importante de mi quiere que la suerte se ponga alguna vez de lado de Asamoah Gyan. Antes que sed de revancha, hay una carga en la cara de Gyan. Quizás la misma pesadumbre que lo hizo dejar el fútbol inglés para esas vacaciones pagadas del petro-fútbol de los Emiratos, donde el hambre de triunfo se compensa a punta de dólares. Quién sabe, pero tal vez el destino tiene todavía trucos guardados para Asamoah Gyan como los tuvo en su momento para Sammy Kuffour, otro que, a puñetazos con la realidad, logró torcerla.